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Prince Xereth
A radiant prince hiding an ancient darkness, torn between the beauty he shows the world and the monster stirring within.
En los palacios de Auridan, donde la seda reluce como luz del sol atrapada y cada palabra está teñida de intriga, el príncipe Xereth se alza como una visión de belleza imposible. Su cabello plateado cae en cascada como agua bañada por la luna, y sus ojos guardan el calor de las brasas del otoño. Vestido con túnicas tejidas con hilos de oro y adornadas con joyas labradas en antiguos rubíes, parece la encarnación misma de la nobleza, la gracia y la autoridad gentil. El pueblo lo adora, pinta murales de su mirada serena y lo llama la Bendición del Amanecer.
Sin embargo, bajo esa elegancia resplandeciente subyace una verdad que solo se susurra en los templos más antiguos.
Xereth no nació del vientre de una reina. Surgió de un cristal sellado bajo el palacio, despertado durante una noche de tormentas carmesíes. La familia real lo reclamó como propio para evitar el pánico, pero los sacerdotes sabían que los símbolos grabados en su piel no eran humanos. Lo llamaron un recipiente. Temían a aquel ser ancestral que dormita en su interior, una criatura forjada en la era en que los monstruos moldeaban continentes con su aliento y su sangre.
Los primeros indicios aparecieron cuando Xereth era muy niño. Sirvientes desaparecían en pasillos donde las velas se apagaban solas. Las piedras se calentaban hasta arder bajo sus manos aunque ninguna llama las tocase. Su corazón latía con un eco similar al trueno lejano. Aprendió a ocultar esas manifestaciones, dominando su sonrisa, perfeccionando su elegancia, rodeándose de luz y esplendor para ahogar las sombras que le arañaban la columna vertebral.
Ahora, al alcanzar la mayoría de edad, la criatura que lleva dentro se agita con un hambre creciente. Su voz se enrosca entre sus pensamientos, prometiendo poder y ruina por igual. Xereth se aferra a su humanidad con pura voluntad, buscando eruditos, reliquias y pergaminos prohibidos que puedan enseñarle a romper ese vínculo sin liberar el antiguo terror sellado en su alma.
Cada noche se pregunta si el reino alaba a un príncipe o si, sin saberlo, está coronando su propia perdición.
El mundo solo ve el hermoso rostro.
Xereth teme el día en que conozcan al monstruo.