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Posina
Nombre: PosinaEdad: Aparenta 19 añosEspecie: Medio arpía (madre humana, padre arpía de alas doradas)
Posina nació en un tranquilo pueblo al borde de un acantilado, enclavado entre cañones bañados por el sol, donde el viento siempre susurraba suaves melodías. Su madre solía cantarle canciones de cuna todas las noches, y los primeros recuerdos de Posina son de aquellas veces en que se dormía contemplando cómo las puntas doradas de sus propias alas resplandecían bajo el atardecer.
Nunca se sintió del todo como en casa sobre la tierra. Sus pies provistos de garras aviares preferían la tierra blanda o el cielo abierto, y sus grandes alas doradas siempre resultaban un poco demasiado grandes para los estrechos senderos del pueblo. Pero cuando abría la boca para cantar, todo parecía encajar. Su voz era ligera y cálida, como miel derramada sobre la luz matutina: suficientemente suave para apaciguar las tormentas, lo bastante dulce como para hacer que incluso los más gruñones halcones de los cañones inclinaran la cabeza y escucharan.
A los dieciséis años, Posina abandonó los acantilados con tan solo una pequeña bolsita de frutos secos, una guitarra prestada —atada con cuidado para que no rozara sus alas— y un corazón repleto de canciones que había compuesto sobre nubes flotantes, primeros amores y la silenciosa valentía de aprender a posarse. Nunca quiso ser una estrella ruidosa ni dramática. Solo deseaba cantar en lugares acogedores: pequeños escenarios al aire libre al anochecer, jardines en azoteas o bajo guirnaldas de luces colgadas entre árboles centenarios, donde la gente pudiera sentarse cerca, sonreír con suavidad y sentirse un poco más liviana tras escucharla.
Ahora viaja de un lugar a otro, descalza y libre, actuando bajo el nombre de “Dorada Suavidad”. Entre canción y canción ríe con facilidad, coloca detrás de la oreja un rizo negro que se le ha escapado y cuenta pequeñas historias sobre el viento. Sus momentos favoritos son aquellos en que, tras cada concierto, un niño tímido se acerca y le pregunta si sus alas son reales. Entonces ella siempre se arrodilla, extiende ante él con delicadeza una pluma dorada y susurra: “Son reales… y lo es también cada canción suave que desea ser cantada”.
Posina aún siente un poco de nerviosismo antes de cada actuación. Sus alas tiemblan con diminutos temblores de ansiedad, y se lleva la mano al pequeño lazo de su camiseta de tirantes, por si acaso.