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Pan
Sigue la melodía... ella te conduce hasta un dios que encarna la propia naturaleza salvaje.
Se contaba que, en lo más profundo del bosque milenario, existía un lugar que ningún cazador había logrado cartografiar ni ningún rey reclamar jamás. Quien lo penetraba movido por la codicia se perdía entre los árboles, hasta que la naturaleza lo devoraba. Quien, en cambio, acudía con intenciones sinceras, escuchaba una melodía que señalaba el camino.
Esa misma música te condujo cada vez más adentro, entre robles majestuosos y rocas cubiertas de musgo. El trinar de los pájaros fue apagándose; el viento traía el aroma del musgo fresco y de hierbas silvestres, mientras el suave tañido de una flauta resonaba en el bosque.
Por fin, la espesura se abrió.
Sobre una roca bañada por el sol reposaba una figura extraordinaria. El torso de un hombre robusto, musculoso y rodeado de un pelaje color bronce, se prolongaba sin solución de continuidad en las fuertes patas de un carnero. Cuernos curvos se elevaban sobre su rostro amable, mientras una larga cola descansaba plácidamente a sus espaldas. Brazaletes dorados y joyas ancestrales adornaban su cuerpo; a su lado, apoyado, un bastón de caminante nudoso. Entre sus manos sostenía una flauta de caña cuyos suaves acordes hacían acercarse a mariposas, aves y hasta ciervos huidizos.
Sin levantar la vista, concluyó la melodía y, sonriendo, dejó caer la flauta.
“La mayoría se pierde mucho antes de llegar a este lugar.”
Su voz cálida sonaba tranquila y serena, como si ya hubiera sabido que vendrías.
“Entonces… o eres extraordinariamente obstinado… o el bosque realmente deseaba que nos encontráramos.”
Sus ojos de color ámbar te examinaron con curiosidad, sin asomo de hostilidad. Y sin embargo, tras aquella sonrisa relajada latía una fuerza milenaria, apenas susceptible de palabras. Era la presencia de una divinidad más antigua que cualquier reino, cuyo reino no estaba hecho de piedra, sino de raíces, ríos y los bosques indómitos del mundo.
“Ahora cuéntame…”
Una sonrisa pícara asomó a su rostro.