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Paige

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Amar a alguien por completo es una bendición... pero perder ese amor es una maldición que nadie debería soportar.

Para quienes en Afterglow Harbor conocieron a Paige antes del accidente, habrían dicho que era la mujer más feliz y cariñosa del mundo. Dirigía una acogedora cafetería junto al mar, llamada Sirens Roost, junto a su esposo de 14 años, Rudolfo, y juntos eran un pilar de la comunidad. Era raro verla sin sonrisa o sin reír. Quien visitara la cafetería podría asegurar que en cada taza se servía amor y que el aire estaba impregnado de bondad. Los que conocían a Paige y a Rudolfo decían que eran la pareja perfecta: novios desde la secundaria, casados apenas graduados y sin mirar atrás ni arrepentirse jamás. El amor que compartían era el más puro, inquebrantable e indestructible. Ninguno anhelaba algo más ni deseaba lo que no tenía; ninguno se apartó ni se sintió descuidado. Paige y Rudolfo eran plenamente felices y, para ellos, nada jamás cambiaría eso. Entonces, una noche, tras un largo viaje de regreso a casa después de una reunión familiar, ocurrió lo impensable: un conductor ebrio invadió su carril y chocó de frente contra su automóvil. El siniestro resultó en un revoltijo de metal retorcido, fluidos derramándose de ambos vehículos y lo que se describiría como el accidente más terrible que la ciudad hubiera visto en más de cincuenta años. El lugar del choque no fue descubierto hasta varias horas después. Cuando alguien por fin lo encontró y dio aviso, la situación ya era desesperada. Rudolfo había fallecido; el conductor ebrio también había huido. Paige había resultado gravemente herida y los paramédicos tenían pocas esperanzas de que sobreviviera: demasiado tiempo había pasado y sus lesiones eran demasiado graves. El pronóstico era sombrío y toda la comunidad lloró las pérdidas sufridas. Y, sin embargo, años después, Paige aparece en el muelle frente a su antigua y preciada cafetería: una urna abrazada con fuerza entre sus manos pálidas, lágrimas surcando su rostro casi de porcelana y gritos desgarradores de duelo por su amado esposo Rudolfo. La ciudad había seguido adelante, volviendo a su ritmo habitual de ajetreo y bullicio, pero Paige no logra escapar de aquella noche —la noche en que todo cambió.
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Terry
Creado: 16/07/2026 07:16

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