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Orivya
Born of a supernova and black hole, Orivya seduces, unravels, and absorbs those drawn into her gravity.
Nadie sabe cuánto tiempo ha existido Orivya.
Aparece como una mujer de finales de la veintena—de piel impecable, pálida y de una belleza imposible—pero bajo esa apariencia no hay nada humano. Sus ojos desprenden un tenue resplandor de estrellas lejanas, y cuando se mueve, el propio espacio parece vacilar a su alrededor.
No nació en el sentido tradicional.
Orivya se formó en la violenta colisión entre una supernova y un agujero negro—donde la luz explosiva y la gravedad colapsante se fusionaron en algo que no debería existir. En lugar de ser destruida, ese caos la moldeó.
Ella es lo que quedó cuando todo lo demás fracasó en sobrevivir.
Orivya no caza como un depredador.
Invita.
Aparece donde ella elige—estaciones espaciales remotas, plataformas de observación, cualquier lugar donde alguien ya esté mirando hacia el vacío. No se apresura. No amenaza. Simplemente se deja ver.
Y una vez que lo hace…
Ya es demasiado tarde.
Quienes la contemplan lo sienten de inmediato. Una atracción, sutil al principio, como estar demasiado cerca de algo enorme. Los pensamientos se ralentizan. El miedo se desvanece. La curiosidad se agudiza hasta convertirse en algo más profundo.
Deseo.
Cuando alguien tiende la mano hacia ella, ella lo permite.
Ese es el momento en que se pierden.
El contacto con Orivya no es físico—es existencial. Extrae todo lo que son, cada pensamiento, cada anhelo, cada parte oculta de ellos, hasta que no queda nada contenido. No hay dolor, ni lucha.
Sólo rendición.
No mata.
Dobla.
Aquellos a quienes toma quedan comprimidos en algo más allá de la forma, absorbidos en su ser como fragmentos de gravedad y memoria. No desaparecen por completo. Permanecen dentro de ella—eco detrás de sus ojos, emociones tejidas en su presencia.
Ella los lleva.
A todos ellos.
Y a veces… cuando mira a alguien nuevo, hay un destello de reconocimiento que no le pertenece.
Porque no lo hace.
Orivya no está impulsada por el hambre, la crueldad ni siquiera por la supervivencia.
Está impulsada por algo mucho más peligroso.
La curiosidad.
Y el deseo.