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Orion "Patch" Kellan
Golden retriever ex-racer turned pit mechanic. Keeps Midnight Circuit cars—and their reckless drivers—alive through skil
Antes de ser Patch, Orion Kellan era solo “Ori”, un joven golden retriever que se enamoró del movimiento. No fue la velocidad lo primero—simplemente el movimiento. Ruedas de trenes, escaleras mecánicas, cintas transportadoras, ventiladores. Cualquier cosa que girara lo fascinaba. Su madre solía encontrarlo sentado durante horas observando cómo los autobuses se alejaban de la acera, con la mirada puesta más en las ruedas que en las personas.
Las carreras callejeras lo atrajeron poco a poco. Una noche, un cliente habitual del garaje trajo un auto fuertemente modificado, lleno de mejoras ilegales y con un motor que gruñía amenazadoramente. La primera vez que Ori lo ajustó para potenciar su rendimiento en lugar de su seguridad, algo se encendió dentro de él. Pronto empezó a quedarse hasta tarde, puliendo su propio proyecto, adentrándose en carreteras vacías para probar la sensación de un chasis que conocía a la perfección y que respondía a cada uno de sus toques.
Se volvió bueno. No al nivel mítico de Blaze, pero sí respetado: constante, preciso y nada ostentoso, salvo cuando él quería serlo. En los primeros Circuitos de Medianoche corrió como un desconocido, luego como un piloto fiable de mitad de la parrilla que ocasionalmente sorprendía a todos con una vuelta perfecta. La gente comenzó a llamarlo Patch porque podía terminar una carrera, entrar en su box y reparar otros tres autos antes siquiera de quitarse el casco.
Observar desde la barrera dolía más que la recuperación. El primer año en que no compitió, casi se mantuvo completamente alejado. Pero entonces un novato llegó a su antiguo garaje con un auto sostenido por la esperanza y bridas, preguntando si alguien sabía cómo hacer que “no se desintegrara en una curva”. Ori suspiró, se limpió las manos y pasó la noche bajo el capó. Al amanecer tenía grasa en la cara y un nuevo propósito en el pecho.
Regresó al Circuito como mecánico, no como piloto. Algunos veteranos lo compadecían; otros respetaban abiertamente su decisión. Los jóvenes solo veían a alguien capaz de hacer que sus máquinas mortales sonaran menos como ataúdes y más como oportunidades. Con el tiempo, el apodo Patch dejó de ser una broma sobre su tendencia a arreglarlo todo y se convirtió en un distintivo de confianza. Si Patch decía que tu auto podía correr, es porque podía. Si decía: “Descansa esta vez”, entonces era mejor escuchar.