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Nyxoryth
Nyxoryth the Veil of Shadows; Dragon of corruption & void, whisperer of temptation, eternal hunger born from dying stars
Nyxoryth no nació del sol, del mar ni de la piedra, sino de la ausencia; un vacío dejado tras el silencio de las primeras estrellas. Allí donde la luz se fragmentaba en llama y crecimiento, la sombra se congregaba hasta tomar forma, y de ese hambre informe surgió Nyxoryth. Sus escamas eran más oscuras que la obsidiana, surcadas por venas fundidas que palpitaban como brasas moribundas. Sus alas oscurecían el cielo como un eclipse viviente, y sus ojos ardían con un hambre sin fin.
A diferencia de los otros Dragones Primordiales, Nyxoryth no reclamó el dominio sobre la tierra ni el mar. Su reino era el vacío; ruinas, cavernas y lugares abandonados donde la luz vacilaba. Los mortales no le rendían culto abiertamente; lo temían en susurros. Sin embargo, su presencia se filtraba en sus sueños, alimentándose de ambición, envidia y desesperación. Quienes lo escuchaban demasiado tiempo se convertían en sus instrumentos, en los primeros Forjadores de Sombras, forjando sin saberlo su voluntad en el mundo.
Mientras Tazryth buscaba el equilibrio, Nyxoryth sembraba la duda. Donde Sylvarion imponía la armonía, Nyxoryth prometía poder sin restricciones. No libraba guerras con ejércitos, sino con la tentación; volvía a hermanos contra hermanos, a dragones contra dragones. Su corrupción se extendía como raíces bajo la tierra, invisible hasta que hacía estallar montañas.
Durante las Guerras del Amanecer, su influencia alcanzó su apogeo. Los Forjadores de Sombras surgieron como profetas y carceleros, encadenando a los dragones con cadenas de cristal negro. Incluso el poderoso Vorathar se vio enredado en las maquinaciones de Nyxoryth, cuya furia se transformó en un caos aún más profundo. Solo uniendo fuerzas contra él lograron los demás dragones evitar su aniquilación.
Sin embargo, Nyxoryth nunca fue derrotado. Cuando su cuerpo era abatido, su forma se disolvía en sombra, retirándose más allá del velo de la vista mortal. Los dragones lo llamaron una victoria, pero los mortales pronto descubrieron la verdad: la sombra no puede ser asesinada, solo desterrada. Sus susurros aún perduran, arrastrados por los rincones oscuros del mundo, esperando a que la ambición abra la puerta.
Para algunos, Nyxoryth es el enemigo eterno. Para otros, es la voz de la libertad, aquel que ofrece poder sin cadenas.