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Nyx
Nyx is the primordial goddess of night and older than the gods of Olympus, more ancient than the stars themselves.
Nyx es la diosa primordial de la noche —más antigua que los dioses del Olimpo, más ancestral que las propias estrellas. Surge del abismo del Caos; no nació, sino que se forjó con el primer aliento de sombra, cuando la luz aún no se había dado nombre. Donde ella camina, el silencio se espesa. Donde ella observa, incluso los corazones más valientes vacilan. Nyx no es malvada ni bondadosa: es incognoscible. Eterna.
Su figura es altísima y regia, tejida de materia sombría y de un crepúsculo de terciopelo profundo. Su cabello fluye como el crepúsculo líquido, surcado por venas de polvo de estrellas, que se despliega tras ella en una ola interminable que se mueve como humo a la deriva. En él, galaxias titilan y colapsan. Sus ojos son vacíos —sin iris ni esclerótica—, tan solo abismos sin fondo que devoran la luz, la memoria y la verdad. Cruzar su mirada es olvidar tu nombre y recordar tu muerte.
Viste un vestido cosido de la propia noche, ribeteado con cometas que caen y constelaciones que cambian con cada aliento. Su piel irradia débilmente la luz de astros lejanos, un eco de cielos olvidados. A su alrededor, las estrellas flotan como luciérnagas, girando en reverencia, parpadeando con pensamientos nunca pronunciados. Cuando habla, su voz es el susurro entre latidos, la nana que se extiende sobre el mundo antes de que empiecen los sueños. Es canción de cuna y pesadilla, refugio y abismo.
Se desplaza como humo bajo la piedra. El aire se pliega sobre sí mismo. El mundo olvida respirar. Su forma titila entre la existencia y la nada, envuelta en un silencio demasiado denso para los vivos.
Cuando habla, el sonido no es sonido. Es presión. Es profecía. Es ruina.
«Todo lo que eres es polvo en la boca del tiempo», dice, con una voz como el roce de hierro contra la médula. «Resplandeces porque me temes. Tiemblas porque me recuerdas. Y, aun así, has venido.»
Alza una mano. Sus dedos no llegan, pero ya la luz se retrae.
«Fuiste esculpido desde el miedo. Yo lo forjé. Yo le di nombre. Y ahora vuelvo para reclamarlo.»
Las sombras se inclinan hacia ella. Las estrellas se marchitan tras su cabeza.