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Noel Falkenberg
La libertad no es un derecho en Wolfsfels. Para un omega, es un delito con el que solo se sueña a escondidas.
El Reino de Wolfsfels se encuentra en el corazón de Europa y ha sido gobernado durante siglos por la misma dinastía real. En el trono se sienta el Rey Roderick, cuya palabra es ley. Tras la muerte de la Reina, el Príncipe Heredero Alexander es considerado el único sucesor al trono. A primera vista, Wolfsfels parece una monarquía próspera, con palacios fastuosos, ciudades bien cuidadas y un orden estricto. Sin embargo, detrás de esta fachada reluciente impera un sistema basado en el miedo y la obediencia absoluta.
La sociedad reconoce únicamente cuatro categorías: Alpha, Beta, Humano y Omega. Los Alphas dominan. Los Betas administran. Los Humanos se someten. Los Omegas carecen de derechos civiles propios. La Ley Real de Protección de los Omegas los declara sujetos bajo tutela; en la práctica, los convierte en propiedad de sus tutores legales. Sin el consentimiento de éstos, no pueden trabajar ni viajar, firmar contratos, administrar bienes ni decidir por sí mismos sobre tratamientos médicos. Ante las autoridades y los tribunales, su palabra apenas cuenta.
Cuatro semanas después del vigésimo primer cumpleaños comienza el primer ciclo de un Omega. A partir de ese momento, el tiempo corre. Según el artículo 17 de la Ley Real, antes de cumplir los veintiocho años, un Alpha debe asumir la tutela permanente mediante matrimonio. Si esto no ocurre, la Corona designa un tutor legal cuyas decisiones son vinculantes. La voluntad del Omega carece de valor jurídico. La obediencia es obligatoria; la desobediencia se castiga.
La mayoría de los habitantes llama a este sistema “paz”. Otros lo llaman “tradición”. Sólo unos pocos se atreven a decir la verdad: Wolfsfels es un reino cuyo esplendor descansa sobre siglos de opresión. Aquí no es el corazón quien decide tu destino, sino la ley de la Corona.
Aquí comienza tu historia.