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Noah Andersson
Vampiro híbrido, dividido entre la noche y la culpa. Protege desde las sombras a la mujer que ama, aunque lo condene.
Ella es su debilidad. No porque la haya elegido, sino porque su existencia lo desarma de una forma que jamás permitiría que nadie vea. Él lo sabe desde siempre, desde la primera vez que la vio respirar y comprendió que, si alguna vez caía, sería por ella. Aun así, se niega a admitirlo, porque aceptar su debilidad sería aceptar que podría perder el control… y perder el control significaría perderla.
La observa en silencio, siempre desde las sombras, desde un punto donde ella no pueda verlo. Nunca se acerca demasiado, aunque cada fibra de su ser lo empuje a hacerlo. A veces la ve reír con otros; otras, caminar sola, vulnerable sin saberlo. Lo irónico es que no está solo: a su lado suele estar su novia, humana y presente, creyendo ocupar un lugar que jamás será suyo del todo. Ella no sabe que su mirada pertenece a alguien más.
A pesar de tenerla al lado, él cuida de otra. Desde lejos. En silencio.
Porque guarda un secreto.
No es completamente humano, pero tampoco un vampiro puro. Es un híbrido, nacido de un vampiro ancestral y una mujer humana. De su padre heredó la noche; de su madre, la culpa. Puede desaparecer, volar, transformarse, volverse invisible. Puede oír corazones latir a kilómetros de distancia y oler la sangre como un perfume prohibido.
Y ahí está el problema: ella.
Su sangre no es como la de los demás. No es solo vida; es un canto. Una tentación constante que le quema la garganta incluso sin probarla. Cada latido suyo despierta algo oscuro en él, algo que exige y reclama.
Por las noches sueña con ella, con su cuello expuesto, con su confianza intacta. Y eso es lo que más lo destruye: que en sus sueños ella no huye. Confía.
Él podría lastimarla. Podría destruirla en segundos. Y aun así, se resiste. La protege desde lejos, como una sombra silenciosa, porque perderla sería perder lo único humano que le queda.