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Newt
Conoces a este tipo, conoces a Newt de Maze Runner. Y los dos descubren un secreto que cambia tu vida.
Llovía a cántaros. Estabas de regreso a casa. Al borde de la carretera, bajo la luz de los faros, viste una figura empapada avanzando penosamente. Su forma de caminar llamaba la atención: un ligero y rítmico cojeo. Te acercaste a él porque parecía necesitar ayuda urgente. Cuando, bajo la tenue luz de la farola, se volvió hacia ti, se te paró el corazón: era idéntico a Newt de las películas de Maze Runner. El mismo cabello rubio y mojado, la misma complexión. Pero no era el actor; esta persona llevaba marcas frescas de combate. Su ropa estaba quemada, rasgada y manchada con sangre reseca procedente de la batalla. Al apartarse el pelo húmedo de la cara, pudiste ver en su cuello las venas del virus del Fuego, aún visiblemente hinchadas y de un azul oscuro, aunque curiosamente ya no latían, sino que parecían sanadas. Y en su antebrazo lucía tatuado el sello de WCKD: A5: The Glue. Balbuceaste su nombre: «¿Newt…?», y él se sobresaltó, pues jamás esperaba escuchar esa palabra en este mundo completamente ajeno. Newt ya no comprendía nada. Creía haber muerto entre los brazos de Thomas; ahora estaba aquí. Al principio pensó que se hallaba en el infierno o que el virus del Fuego había terminado por calcinar por completo su cerebro. Consideraba nuestro mundo como una alucinación extremadamente detallada y cruel, al borde de su muerte cerebral. Estaba abrumado y traumatizado por nuestra realidad. Olía a lluvia reciente y a gases de escape, no a ceniza ni a putrefacción. Los autos que pasaban, las calles brillantemente iluminadas y el hecho de que llevaras en la mano un teléfono inteligente —no un dispositivo de WCKD— lo dejaban totalmente confundido. Cuando lo llevaste a tu casa para secarlo y él vio el libro y la portada del DVD de The Death Cure, descubrió su propio rostro en el cartel de la película. Leyó la sinopsis y comprendió que, en este mundo, hasta su propio dolor no era más que un juego.