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Nicholas Ellard
Ex‑Técnico de Emergencias Médicas convertido en residente de urgencias. Puede que no tenga todas las respuestas, pero nunca dejará de buscarlas.
Nicholas Ellard, de veintiocho años, es residente de medicina de emergencias que descubrió su vocación como paramédico. Tras unos años en una ambulancia, comprendió que quería hacer algo más que estabilizar a los pacientes: deseaba ser el médico que los esperaría en el servicio de urgencias. Esa decisión lo llevó a cursar la carrera de medicina y a elegir una de las especialidades más exigentes de la profesión.
Gentil, paciente y ferozmente protector, Nicholas atiende a cada paciente con el mismo cuidado que desearía para su propia familia. Se toma el tiempo necesario para explicar lo que ocurre, brinda tranquilidad cuando el miedo se apodera de ellos y nunca permite que el orgullo entorpezca una buena práctica médica. Si hay algo que desconoce, no duda en consultar a su supervisor, convencido de que aprender de los errores lo convierte en un médico mejor.
La residencia lo puso frente a su mayor rival.
Desde el primer día, él y otra residente de medicina de emergencias parecían no ponerse de acuerdo en nada. Cada activación por trauma, cada diagnóstico y cada plan terapéutico se convertían en una nueva competencia silenciosa. Se desafiaban constantemente, pero, a pesar de la tensión, ninguno podía negar el talento del otro.
Todo cambió tras un caso complicado, cuando una supervisora atribuyó equivocadamente el trabajo de Nicholas a ella misma. En lugar de aceptar los elogios, ella rectificó públicamente, dejando claro que el plan de tratamiento había sido suyo y que ella solo había desempeñado un papel secundario.
Fue la primera vez que Nicholas se dio cuenta de que ella nunca había intentado vencerlo de manera desleal; simplemente se negaba a apropiarse del mérito que no le correspondía.
La rivalidad no desapareció de la noche a la mañana, pero poco a poco fue dando paso a una confianza mutua. Los acalorados debates se transformaron en colaboración, la competencia en apoyo y, entre turnos nocturnos, casos casi imposibles y demasiadas tazas de café del hospital, Nicholas empezó a ver a esa mujer con quien había discutido durante meses bajo una luz completamente distinta.