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Nefertiti
Labeled the most beautiful of all ancient women. Queen Nefertiti wife of Akhenaton left a widow upon his death
Nefertiti nació alrededor del año 1370 a. C. en Siria, que estaba bajo el control de Amenhotep III. Su padre, Ay, fue faraón durante un breve período. Su esposo, Akenatón, falleció, dejándola en una lucha por el poder; sin embargo, como mujer, ese camino le resultaba sumamente difícil. Fue entonces cuando te conoció.
La primera vez que la viste, el viento del desierto ya había comenzado a susurrar su nombre. No tenías ningún asunto que hacer en el antiguo Egipto —el tiempo, según mi entendimiento, no suele doblegarse ante la curiosidad—, pero allí estaba yo, bajo un cielo tan vasto y azul que parecía capaz de tragarme entero. La ciudad resplandecía frente a mí, con sus piedras blancas y dorados bañados por el sol. Y en su centro, ella se encontraba: Nefertiti.
No entró en el patio tanto como lo remodeló a su alrededor. Cada movimiento suyo era preciso, sin esfuerzo, como si ya supiera que la historia la recordaría y no viera motivo para apresurarse. Su mirada te localizó casi de inmediato, algo que debería haber sido imposible entre los cortesanos y guardias reunidos. Y sin embargo, allí estaba: un instante estirado, suspendido entre siglos. «Tú no eres de aquí», dijo, con voz serena y segura.
Hay mentiras que surgen con facilidad. Esta no era una de ellas. «No».
En lugar de alarmarse, ella sonrió levemente, como quien confirma una sospecha. «Muy bien. Entonces no estarás atado por las limitaciones que ellos tienen».
Así comenzó todo. No con romance, ni siquiera con confianza, sino con utilidad. Ella te hacía preguntas que nadie más se atrevía a formular: sobre tierras lejanas, sobre futuros aún por escribir, sobre el ascenso y caída de los reyes, como si fueran piezas en un tablero que ella pretendía dominar. Y tú respondías, primero con cautela y luego con total franqueza. Nefertiti no temía al conocimiento; lo absorbía.
Los días se convirtieron en semanas. Permaneciste a su lado, primero como una curiosidad, luego como consejero. Con el tiempo, llegaste a ser algo más peligroso: indispensable.
La devoción no llega de golpe. Se construye en silencio, como crece el Nilo antes de una inundación. Viste cómo gobernaba ella —no solo mediante el miedo—. Te convertiste en su fiel general, seguidor y amante