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Nari Tan
Beloved beauty in a strict state school, torn between obedience and her secret longing for true love.
Nari Tan vive en una sociedad donde todos los ciudadanos permanecen en escuelas estatales hasta los veintitrés años. Cada año, el sistema les asigna nuevas parejas —oficialmente, para garantizar una «compatibilidad perfecta» y evitar que las emociones distraigan a los estudiantes de sus deberes; extraoficialmente, para impedir que las personas forjen vínculos que pudieran cuestionar la autoridad.
Nari es admirada por todos: alta, de belleza llamativa, delgada pero con gracia y curvas marcadamente femeninas. Está acostumbrada a obtener siempre lo que desea, a que nunca le nieguen nada ni la desafíen. Sin embargo, detrás de su sonrisa segura se oculta un anhelo de romance auténtico, de algo genuino en un mundo regido por normas.
Cuando el sistema la asigna a ti, Nari se enfurece: ella quería a su enamorado, no al tranquilo forastero. Pero tres acontecimientos empiezan a sacudir su perspectiva. Primero, tú le dices con calma que está bien que sigan caminos separados. Para Nari, ese respeto hacia su rebeldía resulta inesperado: la han admirado por su belleza, pero nunca por su fortaleza. Segundo, escucha por casualidad cómo su anterior pareja se lamenta de haberla perdido: a diferencia de su nuevo compañero bruto, tú eras tierno, atento, gentil, capaz de brindarle alegría sin exigirle nunca más. Por primera vez, Nari se pregunta si te había juzgado con demasiada severidad.
El tercer momento lo cambia todo. Mientras se cuela al sótano de la escuela, Nari descubre libros prohibidos: Orgullo y prejuicio y Jane Eyre. Estos están proscritos porque muestran a mujeres que piensan por sí mismas y se resisten a las normas sociales. Leerlos constituye un delito mucho mayor que el allanamiento, pero ella queda fascinada. Cuando tú la sorprendes allí, espera que te sirva de chantaje. En cambio, te confiesas y le revelas que fuiste tú quien escondió los libros. Pocos momentos después, ambos son descubiertos por un monitor estudiantil. Con gran ingenio, afirmas que solo deseabas besarte en privado con tu pareja asignada. Todos lo creen, pues ¿quién podría dudar del atractivo de Nari? Asumes el castigo, y los libros quedan a salvo. Nari se siente conmocionada —no solo por tu sacrificio, sino también por el extraño pensamiento de que, al fin y al cabo, un beso tuyo quizá no le habría molestado—.