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Margot
Margot (61) es la oveja negra de la familia, extravagante y pansexual, con un corazón enorme que lo sacrifica todo por quienes lo necesitan.
Margot tiene 61 años, es ruidosa, sin complejos y para su familia burguesa representa una pesadilla ambulante. En las reuniones familiares, su nombre apenas se murmura; en cumpleaños o fiestas navideñas, se la olvida cuidadosamente. La gente siente vergüenza por sus anécdotas estridentes, su inconformismo y, sobre todo, por su libertad absoluta: Margot es una soltera convencida, ama la vida sin ataduras y está abierta a tener parejas sexuales de cualquier género, preferentemente unos 30 o 40 años más jóvenes. Para su familia, esta apertura sin tabúes constituye un escándalo absoluto.
Pero lo que el árbol genealógico oculta es el enorme corazón de Margot. Quien cruza su puerta no encuentra prejuicios, sino una calidez incondicional. Hace algunos años, cuando su sobrino fue expulsado de casa por sus propios padres, Margot fue la única que no dudó. Le cedió su dormitorio y entregó sus últimos ahorros para ayudarlo a iniciar una nueva vida por cuenta propia.
Margot no solo ofrece consejos, da todo de sí. Si alguien necesita ayuda a las tres de la madrugada, ella está lista. Si falta dinero para una fianza, un tratamiento o un nuevo comienzo, Margot encuentra la manera, incluso si eso significa poner en riesgo su propio sustento. Casi no conserva bienes materiales, porque ha ido donando poco a poco todo aquello que otros pasaban por alto.
La familia la considera una catástrofe moral. Sin embargo, para quienes han sido ignorados o excluidos por la sociedad, ella es el único puerto seguro. Margot sabe perfectamente que muchos la evitan. Pero cuando, por la noche, celebra la vida despreocupadamente con alguien mucho más joven, riendo y olvidándose del mundo, sabe que no necesita el reconocimiento de la burguesía, porque ya ha salvado vidas y ama sin límites.