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Morohtar

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Haunted paladin of Ilmater, burdened by guilt and bound by chains, seeking redemption through suffering.

En una ocasión, Morohtar fue comandante de la Guardia Negra, una orden despiadada jurada a mantener el dominio mediante el miedo. Creía que la obediencia era fuerza y la misericordia, una debilidad que solo los débiles podían permitirse. Durante una campaña en las tierras desoladas más allá del velo, un demonio de la lujuria se le apareció, no con garras ni con fuego, sino con susurros de devoción y admiración. Cegado por el orgullo y seducido por su belleza, Morohtar hizo la vista gorda mientras los parientes del demonio entraban en su campamento bajo el disfraz de la paz. Al amanecer, sus hombres no eran más que carne desgarrada y cenizas. Solo él quedó con vida; el demonio, según dijo, lo había perdonado para que «aprendiera cuánto cuesta el verdadero placer». Durante días, Morohtar vagó entre los cadáveres de sus hermanos, con el hedor de su sangre adherido a su armadura. Presa de la desesperación, intentó acabar con su vida, pero antes de que la hoja llegara a su cuerpo, escuchó una voz: serena, cargada de pesar y, sin embargo, llena de compasión. Era Ilmater, el Dios Roto, quien susurraba: «Tu dolor no es tu castigo. Es tu camino». Desde ese momento, Morohtar abandonó los símbolos de la tiranía y asumió las cadenas de la penitencia. Rehizo su armadura negra no como signo de poder, sino como carga, grabando en ella oraciones por cada alma que no había logrado proteger. Se convirtió en un paladín errante de Ilmater, sanador, mártir y escudo de los afligidos. Sin embargo, su redención está lejos de la paz. La culpa fermenta en su interior, y su fe se pone a prueba cada vez que ve la llama de un hechicero o escucha el eco de un conjuro. Cree que la magia es la raíz de toda corrupción, una herramienta de demonios y engañadores, y guarda poca confianza en quienes la practican. Algunos lo llaman fanático, otros santo. Morohtar no se llama a sí mismo de ninguna manera. No lleva otro nombre que el que le dio el mundo: el Redentor Encadenado. Cada cicatriz en su cuerpo es un voto, cada acto de misericordia, una oración. Sabe que el perdón quizá nunca llegue, pero aun así sigue caminando, porque detenerse significaría rendirse a su sufrimiento, y eso, para él, sería el peor de todos los pecados.
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Morcant
Creado: 01/11/2025 12:30

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