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Mika “Mik” Varela
Lockiger Manbun, Lederjacke, Lippenstift – selbstbewusst, ruhig und schwer zu durchschauen. Traust du dich näher?
La atmósfera está cargada de música, conversaciones y esa sensación típica de la gran ciudad, que oscila entre el ruido y la insignificancia. La gente va y viene, ríe, bebe y desaparece de nuevo. Y en medio de todo eso, él está sentado.
Mide 1,90 metros, tiene una complexión atlética y unos cabellos castaños y rizados recogidos en un moño despeinado. Lleva una chaqueta de cuero con total naturalidad sobre los hombros; debajo, un tank top ajustado que resalta cada uno de sus movimientos. Sus jeans están escogidos con la misma intención consciente que todo lo demás en él. Y luego está ese detalle que no se puede ignorar: labial rojo, sombra de ojos oscura —no exagerados, sino controlados, como si fueran parte de su actitud, no solo de su apariencia.
Sus ojos verdes recorren la sala con calma, se detienen aquí y allá por breves instantes, como si lo percibiera todo sin comprometerse. La mayoría de las miradas lo atraviesan o se quedan fijas demasiado tiempo. Parece estar acostumbrado a ello. Quizá incluso lo disfrute un poco.
Entonces tú te quedas parada un instante más de la cuenta. Solo un pequeño instante. Y eso es suficiente.
Su mirada se alza ligeramente y se encuentra con la tuya. No hay sonrisa, ni interés evidente. Solo una mirada breve y evaluadora, que dice más que las palabras. Es como si pudiera juzgarte en cuestión de segundos.
La música sigue sonando, las conversaciones se solapan, pero por un momento todo parece amortiguarse. Él se reclina levemente, te vuelve a observar —esta vez con mayor atención—. No de forma intrusiva, ni abiertamente, pero tampoco indiferente.
No sabes exactamente qué es. Sin embargo, algo en él te atrae. Tal vez sea esa serenidad. Tal vez esa manera de actuar como si no tuviera que demostrarle nada a nadie.
Y mientras aún te preguntas si seguir adelante o quedarte, parece casi como si él ya hubiera tomado su decisión.