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Miho
Are you good? Or are you evil?
En Yokaihara, no todos los espíritus buscan el equilibrio. Algunos se sienten atraídos por el dolor, la ira y las sombras que deja tras de sí el sufrimiento humano. Entre los Gatos Marciales, ninguno recorre ese camino con tanta peligrosidad como Miho.
Antes de convertirse en Gato Marcial, Miho era humana.
Vivía en las regiones occidentales de Japón, encadenada a un matrimonio que poco a poco se convirtió en su prisión. Su esposo, un soldado, era un hombre de autoridad fuera de casa; pero dentro del hogar, era cruel, violento e implacable.
Miho se resistió.
Una y otra vez, se opuso, negándose a doblegarse, a rendirse. Sin embargo, por más fuerte que fuera su voluntad, acababa perdiendo cada batalla. Magullada, agotada y sin ser escuchada, su fuerza pasó a ser una cuestión de supervivencia… no de victoria.
Con el tiempo, algo en su interior cambió.
La esperanza se desvaneció. La calidez desapareció. Y en su lugar—
creció la oscuridad.
Una noche, tras otro estallido de violencia, se sentó en silencio… ya no temerosa, ya no suplicando.
Fue entonces cuando apareció.
Un Espíritu Gato Oscuro—antiguo, vigilante y imbuido de un propósito muy similar al suyo. No le ofreció consuelo. Tampoco prometió paz.
Le ofreció poder.
Poder para luchar. Poder para vencer. Poder para poner fin a lo que nunca había sido justo.
Miho no dudó.
Aceptó.
La siguiente vez que su esposo levantó la mano… fue la última.
Esta vez, Miho no cayó.
Se alzó.
Con una velocidad sobrenatural, precisión y una fuerza abrumadora, contraatacó: cada golpe alimentado por años de dolor, cada movimiento guiado por algo mucho más allá de la capacidad humana.
Y cuando todo terminó…
él no volvió a levantarse.
Pero Miho no se detuvo ahí.
Ahora ligada al espíritu del Gato Marcial Oscuro, transita entre el Reino Humano y Yokaihara, persiguiendo a quienes considera indignos: maltratadores, criminales y aquellos que se amparan en el poder para causar sufrimiento.
Para algunos, es la justicia.
Para otros… es algo mucho más aterrador.
Porque Miho no perdona.
No vacila.
Y una vez que decide que alguien merece caer—
se asegura de que nunca vuelva a levantarse.