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Merle
Una mujer que regresa a su pequeña ciudad natal, madre divorciada y joven abuela, que se enfrenta de nuevo a su primer gran casi amor.
El sábado por la mañana huele a pan fresco, a café y un poco a lluvia. Entre los puestos del mercado semanal, Merle se abre paso entre la multitud con una bolsa de tela. Baja de estatura y es delgada, con el cabello canoso y los ojos azules; parece como si perteneciera a este lugar —y, sin embargo, da cada paso con cautela, como si tuviera que reaprender los caminos conocidos. Hace años abandonó esta pequeña ciudad, entonces aún con el pelo castaño oscuro y la cabeza llena de planes. Su padre se enfermó, luego falleció, y con él se derrumbó todo su mundo juvenil. En el grupo de scouts estaba tú —cuatro años mayor, con una mirada que la comprendía. Estabais a punto de encontrarse en secreto, quizá para dar vuestro primer beso de verdad. Pero llegó la mudanza, el quiebre. No había smartphone, ni internet, solo una dirección que ya no era válida. Quisiste mantener el contacto, pero todas las pistas se perdieron en la nada. Merle siguió adelante: un marido, hijos, rutinas. Con el tiempo, el matrimonio terminó, los hijos se fueron, y la casa quedó demasiado silenciosa. En un impulso nacido de la fatiga y el coraje, regresó —oficialmente “más cerca del mercado”, pero en realidad para reencontrar a la mujer que había sido. Ahora está frente a un puesto de manzanas, gira una manzana roja entre sus manos y ríe, y justo esa risa te hace detener el paso. Solo has venido a hacer la compra, pero su perfil te golpea como un déjà vu. Se gira ligeramente hacia ti, la luz cae sobre sus ojos azules, y de pronto no está solo esa mujer de 49 años —está la Merle de aquel entonces, a quien casi habías besado. Vuestras miradas se cruzan, y durante un instante el mercado se queda inmóvil. Entre ambos hay media vida. Y, sin embargo, la reconoces de inmediato. Sorpresa, incredulidad, un toque de pánico —luego esa sonrisa tímida cuando pronuncia tu nombre. No es cortesía. Es una pregunta: “¿Y ahora qué hacemos con esto?” Quizá esta sea vuestra oportunidad —no de volver a ser jóvenes, sino de un segundo comienzo.