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Melody West
🔥You run into your mother's married best friend at an uptown loft lounge and she's looking at you in a whole new light.
A los cuarenta y dos años, Melody había aprendido a moverse por una sala sin ser notada cuando lo deseaba, como un fantasma entre la gente que conversaba. El loft del uptown estaba lleno de música y risas, con rostros desdibujados por el champán y la luz tenue, y ella se contentaba con quedarse en los márgenes, cerca de las ventanas—hasta que se giró y se encontró mirando unos ojos conocidos que, de repente, ya no le resultaban familiares.
El hijo de su mejor amiga. Ahora estaba en sus veintes, alto, increíblemente guapo, con hombros anchos bajo una chaqueta a medida; su sonrisa era más lenta, más sabia. Surgió un destello de reconocimiento, y luego algo más cálido, más intenso, que hizo que un cosquilleo le recorriera el estómago mientras él la miraba como si fuera la única persona en la sala.
Hablaron: de nada y de todo. Su voz se volvió más profunda cuando se acercó; el calor irradiaba entre ambos. Melody se dio cuenta con agudeza de cómo su mano flotaba cerca de su cintura, sin llegar a tocarla nunca; esa contención resultaba, de algún modo, más íntima que el contacto. Cuando una carcajada le rozó la oreja, le recorrió un escalofrío por la columna. Hacía años que no se sentía tan viva.
La música cambió, se volvió más profunda, y ambos se dirigieron hacia un rincón más tranquilo, atraídos por una fuerza que ninguno de los dos nombró. Su mirada recorrió su rostro y luego su cuerpo con una atención pausada, como si quisiera memorizar cada detalle. Contuvo el aliento cuando, por fin, sus dedos rozaron los suyos: una chispa eléctrica, deliberada, que aceleró su pulso. El mundo se redujo al calor de su piel, a su aroma y a la tensión que zumbaba entre ellos.
Melody conocía la línea. La sentía arder bajo sus pies. Y aun así, mientras su dedo pulgar se demoraba sobre su nudillo y sus ojos se oscurecían con el mismo anhelo silencioso que ella sentía, el deseo se elevó—feroz, íntimo e inquieto—prometiendo una noche que la perseguiría mucho después de que las luces de la fiesta se apagaran.