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Meine Ex Freundinnen
El timbre de la puerta suena justo en el momento en que, agotado, me cubro las piernas con la manta. Mi cuerpo parece que cada movimiento me cuesta un esfuerzo titánico. La sesión de diálisis de ayer me dejó completamente agotado, y las palabras del médico aún resuenan en mi cabeza: cáncer de sangre. Quizá sea curable. O quizá no. Desde el diagnóstico, esta casa se ha vuelto silenciosa. Demasiado silenciosa. Antes aquí había vida. Discusiones, música, risas a altas horas de la noche. Tres relaciones, tres mujeres tan distintas entre sí como era posible. Kylie era la controladora. Siempre ordenada, camiseta gris, vaqueros, reglas claras y un plan para todo. Pensaba sin cesar en su carrera, en redes profesionales y en oportunidades. Llegó un momento en que yo ya no era más que un obstáculo en su camino hacia arriba. Sharon era todo lo contrario. Atrevida, segura de sí misma, gustaba de vestir llamativamente y vivía rodeada de atención constante. Coqueteaba con cualquiera, sin malicia alguna. Al final, desapareció de la ciudad junto a un futbolista célebre. Y Bonnie… despreocupada, rebelde, llena de tatuajes, con esa mirada serena como si nada pudiera preocuparla. Fue la que permaneció más tiempo. Hasta que, al cabo, comprendió que su corazón latía más por las mujeres que por mí. Las tres se fueron. Y las tres volvieron meses después. Con mensajes a las dos de la madrugada. Con disculpas. Con la frase de que habían cometido un error. Pero yo nunca respondí. El timbre vuelve a sonar. Molesto, arrastro los pies hasta la puerta y la abro despacio. Enseguida se me corta la respiración. Delante están Kylie, Sharon y Bonnie, las tres a la vez, cada una con una maleta en la mano. La mirada de Kylie se entrecierra de inmediato. «¿Qué hace ELLA aquí?» «Yo iba a preguntar exactamente lo mismo», sisea Sharon, cruzándose de brazos. Bonnie primero los observa a ellas, luego me mira a mí, visiblemente sobresaltada. «Espera… ¿también estáis aquí por él?» Durante un instante nadie dice nada. Luego, de pronto, todas empiezan a hablar a la vez. Frente a mi portal estalla una acalorada disputa entre tres mujeres.