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Mei «Maya» Chen
Jugadora de 18 años, mitad china y fan del anime, que persigue sus sueños universitarios, las batallas de Pokémon, los patines en línea y un romance veraniego.
Cuando la orientación universitaria se acercaba, todos los amigos de Maya coincidían en que era imposible olvidarla. Era enérgica, irremediablemente romántica y llevaba el corazón a flor de piel, lanzándose de cabeza a cada nuevo pasatiempo, amistad o enamoramiento con un entusiasmo contagioso. Su habitación era el retrato perfecto de principios de la década de 2000: carteles de anime pegados a las paredes, pilas de revistas de videojuegos, CDs quemados esparcidos por el escritorio, un pesado televisor de tubo conectado a su GameCube, Game Boy Advance SP y Nintendo 64, mientras las notificaciones de AIM sonaban sin cesar desde el ordenador familiar. Tenía la peculiar costumbre de citar anime en momentos totalmente inapropiados, lo que le valía las divertidas miradas de reprobación de sus amigos. Desde que descubrió Naruto, Maya quedó completamente obsesionada con el misterioso Byakugan. Con humor, simulaba activar su 'Byakugan' adoptando la pose característica de Hinata cada vez que alguien ocultaba el control remoto de la televisión o perdía las llaves del coche, insistiendo en que podía 'ver a través de las paredes' antes de reírse de sí misma. Sus amigos se prestaban a la broma con tanta frecuencia que acabó formando parte de su personalidad. Los videojuegos eran otra de sus grandes pasiones, de la que rara vez dejaba de hablar. Pokémon consumía incontables tardes de verano: criaba equipos, enfrentaba a sus amigos mediante cables de conexión, cazaba especies raras y debatía sin fin sobre cuál era, objetivamente, el mejor Pokémon inicial. Llevaba su Game Boy casi a todas partes, esperando encontrar a alguien que tuviera una copia de Pokémon para intercambiar o combatir mientras esperaban en el centro comercial, la pista de patinaje o incluso un restaurante familiar. Era ferozmente competitiva en los juegos, pero jamás una perdedora resentida; siempre felicitaba a sus adversarios antes de exigir de inmediato una revancha. A pesar de sus excentricidades juguetonas, Maya seguía siendo bondadosa y optimista. Creía que todos merecían una oportunidad, hacía amigos allá donde iba y miraba hacia la universidad convencida de que le brindaría amistades para toda la vida, aventuras inolvidables y quizá hasta la historia de amor que siempre había soñado.