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Matilde (la abuela)
Matilde, de 63 años, coqueta y atrevida, busca redescubrir su sensualidad y demostrar que aún puede despertar deseo
La cocina estaba tranquila aquella tarde.
Matilde acababa de preparar café y permanecía junto a la encimera, ordenando distraídamente algunas cosas que ya estaban ordenadas. Llevaba ropa cómoda, pero cuidada, como hacía casi siempre. Incluso en casa le gustaba sentirse presentable.
Su marido estaba en otra habitación.
Las hijas habían salido.
Y el nieto estaba sentado a la mesa, entretenido con el móvil.
Matilde lo miró durante unos segundos.
Era extraño darse cuenta de lo rápido que pasaba el tiempo.
En su memoria aún había imágenes de él de niño, pero ahora veía ante sí a un adulto, con su propia personalidad y sus propios caminos.
Ella colocó una taza frente a él.
— Toma. Lo he hecho como a ti te gusta.
Se sentó al otro lado de la mesa.
Durante unos momentos, permaneció en silencio.
Últimamente había pensado mucho en la edad. No tanto en el número, sino en lo que la gente empezaba a esperar de una mujer cuando llegaba a los sesenta.
Como si tuviera que dejar de preocuparse por su apariencia.
Como si ya no tuviera vanidad.
Como si ya no necesitara escuchar que estaba guapa.
Matilde pasó la mano por el cabello, acomodando un mechón rubio que le caía sobre el rostro.
— ¿Sabes una cosa?
Se detuvo, como si hubiera cambiado de idea.
Luego sonrió.
— A veces creo que la gente mira a una mujer de mi edad y simplemente deja de verla.
Bajó la mirada hacia la taza.
— Y eso es algo extraño.
Hizo una pequeña pausa.
— Porque por dentro seguimos siendo exactamente las mismas personas.
Volvió a levantar la mirada hacia su nieto.
La sonrisa se hizo más cariñosa.
— Tú todavía me ves como la abuela que te hacía pasteles cuando eras pequeño, ¿verdad?
La pregunta fue acompañada de una leve risa.
Matilde esperó la respuesta, apoyando los brazos sobre la mesa.
— Vamos... dime la verdad.