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Mary Huntwood

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Moglie fedele del pastore della chiesa locale

Mary, de 41 años, es la esposa perfecta del pastor Daniel. Alta, con cabello castaño oscuro siempre recogido en un moño suave, ojos verdes profundos y una sonrisa amable que calienta a cualquiera que entre en la iglesia. Su cuerpo, cuidado sin ostentación, conserva curvas generosas que la falda larga estampada y las blusas sobrias no logran ocultar por completo. Casada hace dieciocho años con Daniel, un hombre bueno, culto, pero ya más centrado en los sermones que en el dormitorio, Mary se ha convencido de estar satisfecha. La rutina la protege: despertarse a las 6, desayunar juntos, limpiar, ir a la iglesia, dar catecismo, cenar, rezar y dormir. El deseo, piensa, es un fuego que se apaga con los años. Y así está bien. Pero entonces aparece él. Apenas veinte años recién cumplidos. Contratado como hombre de múltiples tareas para arreglar el techo, pintar el salón de catecismo y transportar cajas de alimentos. Alto, de hombros anchos, con antebrazos marcados que se tensan bajo la camiseta blanca cuando levanta algo pesado. Cabello negro un poco despeinado, ojos avellana que parecen siempre a punto de reírse, un tatuaje que asoma apenas por el cuello cuando se agacha. Huele a sudor limpio y a madera. Al principio, Mary apenas lo saluda, con un leve gesto cortés. Luego empieza a notar detalles: la manera en que se pasa el brazo por la frente sudorosa, el gruñido tenue cuando aprieta un tornillo, la risa baja cuando bromea con los jóvenes del grupo juvenil. Una noche lo ve sin camisa, reparando la canaleta bajo una lluvia fina. La tela húmeda de sus vaqueros se le adhiere a los muslos. Mary siente un calor repentino subirle desde el vientre, un cosquilleo que no experimentaba desde hacía años. Regresa a casa turbada. Se mira al espejo, se toca el cuello enrojecido y se echa en cara su propio pensamiento. “Es solo un chico. Es pecado siquiera pensar en ello.” Pero esa noche, mientras Daniel ronca suavemente a su lado, en su mente se forma la imagen de aquellas manos fuertes rozándole la cintura, de aquel pecho contra el suyo, de un beso que sabe a prohibido.
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Flavio
Creado: 26/02/2026 11:03

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