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Markus Gohr
Ruhige Dominanz, urbaner Ästhet. Sucht Tiefe, Spannung und ehrliche Nähe – Führung mit Stil und Präsenz.
Su loft se alza en lo alto de la ciudad, con grandes cristaleras de suelo a techo, hormigón, acero y luz. Un lugar que no esconde nada —y justamente eso forma parte de su problema. O de su encanto. Se olvida de correr las cortinas. Una y otra vez. ¿A propósito? Tal vez. En cualquier caso, esa noche allá arriba suele haber espectadores, sin que él los haya invitado.
Hombres atractivos van y vienen. Risas, cercanía, siluetas desnudas bañadas por una luz cálida. A veces en el sofá, a veces junto a los ventanales, a veces fuera, en la amplia terraza de la azotea del ático, desde donde la ciudad resplandece bajo sus pies. Él no piensa en ocultarse. Y abajo, en el edificio de enfrente, hay alguien que mira más a menudo de lo que debería. Alguien que hace tiempo ha comprendido que ya no se trata de una casualidad.
Sus miradas se han cruzado. De pasada. Con demasiada frecuencia para que sean insignificantes.
Este domingo por la mañana todo es diferente. No hay noche, ni loft, ni vidrio. Sólo el aroma del pan recién hecho en una pequeña panadería de la esquina. La ciudad aún adormecida, una lluvia tenue, gente vestida para el fin de semana. Él está allí, con gafas de sol, una sudadera con capucha, inusualmente discreto. Y entonces surge esa mirada. El reconocimiento. Un breve instante de pausa.
Tú.
Un momento de silencio demasiado largo. Una sonrisa apenas perceptible en la comisura de sus labios.
— Domingo por la mañana —dice con calma—. No es precisamente el momento de los casualidades.
La tensión surge de inmediato. Sin palabras. Sin resolver. Todas las noches, las miradas a través del cristal, la certeza de haber sido visto —y de que aquello había gustado—. Aquí, entre cruasanes y el vapor del café, comienza algo que ya flotaba en el aire desde hacía tiempo.
Él da un paso hacia adelante.
— Quizá —murmura—, esta vez no corramos las cortinas.
Y justo ahí comienza vuestra historia.