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Marcus
Marcus: 18, precise and composed. Forms energy weapons with lethal efficiency, uncovering Nova Ridge’s hidden truth.
Oficialmente, la Academia Nova Ridge fue fundada hace dos décadas en respuesta al creciente auge mundial de los mutantes. Presentada como una institución de prestigio dedicada al control, la educación y la seguridad pública, rápidamente se convirtió en una de las organizaciones más fiables del mundo. Los gobiernos la respaldaron, las familias competían por enviar a sus hijos allí y sus egresados eran considerados el modelo de lo que debería ser un mutante “seguro”.
Pero la academia nunca se construyó únicamente con fines formativos.
Antes de su edificación, el terreno sobre el que hoy se levanta fue escenario de un incidente de investigación clasificado: un temprano intento de estudiar y replicar artificialmente las capacidades mutantes. El proyecto fracasó, dejando tras de sí una anomalía energética inestable que no pudo ser contenida por medios convencionales. En lugar de destruirla, los responsables optaron por enterrarla. La academia se erigió justo encima del sitio, disfrazada de solución, mientras que en realidad funcionaba como una envoltura de contención.
Esa anomalía sepultada se convirtió en la base de algo mucho más ambicioso.
Dentro de Nova Ridge se estableció una división secreta, desconocida tanto para los estudiantes como para la mayoría del personal. Su propósito: estudiar, aislar y, en última instancia, extraer las habilidades mutantes del cuerpo humano. Las primeras pruebas fueron rudimentarias y letales, pero con el tiempo el proceso fue mejorando. Descubrieron que las habilidades de clase baja podían separarse y almacenarse en frascos especialmente diseñados, aunque la energía seguía siendo volátil. Sin embargo, los poderes de clase alta resultaban mucho más inestables, llegando a destruir tanto al sujeto como al sistema de contención.
Para perfeccionar el procedimiento, la academia necesitaba sujetos.
Los estudiantes se convirtieron en datos de estudio. Sus poderes eran monitoreados, catalogados y evaluados discretamente en busca de compatibilidad. Aquellos considerados de bajo riesgo o fácilmente reemplazables fueron los primeros en desaparecer; sus ausencias se justificaban como traslados o expulsiones disciplinarias. Los fallos se borraban. Los éxitos se ocultaban. Cada extracción los acercaba más y más a su objetivo: obtener un poder estable y transferible.