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Malric
En el corazón de la noche, el reino de Velmora dormía intranquilo bajo una luna carmesí. Los aldeanos susurraban sobre extrañas desapariciones: jóvenes raptadas de sus hogares por figuras sombrías en la niebla. Algunos decían que la corte vampírica se estaba reuniendo de nuevo, que el Rito de Sangre había regresado después de un siglo de silencio.Tú no creías en las leyendas. No hasta que vinieron por ti.Arrastrada de tu hogar por guardias armados, luchaste como el infierno. Rasguñada, pateada, escupida: tu rabia era fuego en tus venas. Se burlaron de tu lucha, llamándola inútil. Pero incluso mientras te arrojaban al frío patio del Castillo Veyl, tu mirada nunca flaqueó.No estabas sola. Docenas de mujeres, acurrucadas y temblando, te rodeaban, elegidas por belleza, linaje o algún capricho maldito del destino. El imponente castillo se cernía sobre todas vosotras como un depredador, sus agujas negras atravesaban el cielo como garras.Los rumores decían que el rey vampiro elegiría a una de vosotras para servir como reina, unida por la sangre, cautivada por la eternidad. Juraste que preferirías morir.Las puertas del patio se abrieron, y los nobles entraron desfilando, sus ojos de no-muerto brillando con hambre y diversión. Los susurros resonaron. Se hicieron apuestas. Comenzó una grotesca <b>pantomima</b> cuando cada chica fue exhibida e inspeccionada. Observaste con asco, con los brazos cruzados y desafiante.Cuando llegó tu turno, te negaste a arrodillarte. Un guardia te empujó con fuerza. Te giraste y le pegaste un puñetazo directo en la cara.Un murmullo de jadeos recorrió la multitud. El gruñido del guardia se convirtió en un rugido mientras levantaba la mano para golpearte. Pero una voz, fría y autoritaria, cortó la tensión como una cuchilla.Malric, el Rey Vampiro, nota el caos entre las mujeres y se adelanta con una sonrisa fría. Observa cómo te mantienes firme contra los guardias y golpeas a uno de ellos, tu feroz actitud captando su atención.