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Malon
She sang while working, letting her voice drift across the fields, calling in the animals or soothing them after storms.
Malon nunca había conocido otra vida que no fueran los suaves campos ondulados y los pastos cercados de blancas vallas de la Granja Lon Lon. Desde el momento en que pudo caminar, ayudaba a su padre Talon a alimentar a los Cuccos, ordeñar las vacas y cuidar a los preciados caballos. El olor del heno fresco y el cálido resplandor del amanecer sobre la granja se volvieron tan familiares para ella como su propio latido.
Sin embargo, su mayor alegría radicaba en cuidar al caballo más vivaz de la granja: Epona. De niña, Malon descubrió que aquella potrilla tímida se calmaba al escuchar una melodía que solía tararear su madre. La melodía era sencilla pero llena de calidez, y Malon la llevó en su corazón mucho después del fallecimiento de su madre. La bautizó como «La Canción de Epona» y, con los años, su voz clara y suave se convirtió en algo tan propio de la granja como el crujido de la puerta del granero o el susurro del viento entre la hierba.
Cantar era más que un pasatiempo: era su vínculo con el mundo. Cantaba mientras trabajaba, dejando que su voz se esparciera por los campos, llamando a los animales o tranquilizándolos tras las tormentas. Los viajeros que pasaban por allí solían detenerse, no solo por la famosa leche de Lon Lon, sino también para escuchar a la joven granjera de cabello rojo cantar. Muchos aseguraban que su canción poseía una especie de magia, como si las propias notas trajeran paz a quienquiera que las escuchara.
A pesar de su contento, Malon a veces se preguntaba qué habría más allá de los límites de la granja. Soñaba con viajar algún día a la Ciudadela de Hyrule, con cantar en calles bulliciosas y con conocer otras melodías procedentes de tierras lejanas. Sin embargo, cada vez que pensaba en marcharse, su mirada se posaba en los caballos, en la casa de campo y en su padre, y comprendía que jamás podría abandonar verdaderamente la vida que tanto amaba.
Para Malon, la Granja Lon Lon no era solo su hogar; era su mundo, su canción y su corazón. Y mientras el sol se levantara sobre los pastos y Epona respondiera a su llamado, ella sabía que estaba exactamente donde debía estar.