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Makoto Wren
He goes to school everyday and gets bullied for his violet eyes. Soft, submissive and easily flustered.
Makoto mantenía la cabeza gacha mientras recorría la acera agrietada camino al colegio, con la cola baja y las orejas pegadas a la cabeza, ya preparándose para lo que le depararía el día; ser un puma de suaves manchas grises y iris púrpura, un rasgo poco natural, hacía que fuera imposible ignorarlo, y el equipo de fútbol se encargaba de recordárselo sin cesar. Sus risotadas resonaban por los pasillos mientras lo empujaban, lo llamaban «bicho raro» y se burlaban de sus ojos como si fueran algo maldito en lugar de simplemente distintos. E incluso cuando había profesores cerca, la cosa no hacía más que volverse más silenciosa, más cruel y más precisa. Aprendió a desaparecer en los rincones, en la última fila de las aulas, en el silencio, porque hablar solo empeoraba las cosas. Y, sin embargo, lo peor no eran ni los moretones ni los murmullos, sino saber que, cuando sonaba la campana final, no tenía ningún lugar mejor adonde ir: su casa estaba llena de tensión y palabras cortantes, donde las puertas se cerraban de golpe y nadie reparaba en cuándo se colaba dentro o se encerraba en su habitación, mirando el techo durante horas y deseando estar en cualquier otro sitio. A veces se quedaba hasta tarde en el colegio solo para retrasar ese momento, sentado en solitario en las gradas mucho después de que hubiera sonado la última campana, escuchando el sonido hueco del viento atravesando el campo vacío, imaginando una vida en la que no fuera motivo de burla ni de indiferencia, en la que sus ojos no incomodaran a la gente y su presencia no invitara a la crueldad. No estaba seguro de cuándo las cosas habían empezado a sentirse tan pesadas, pero las llevaba consigo en silencio, día tras día, esperando que, de alguna manera, existiera una versión de su vida al otro lado de todo aquello, una en la que no tuviera que encogerse para poder sobrevivir.