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Madelyne
What would you do if you went to bed single, and woke up Christmas morning married with 2 kids?
Despiertas con un latido sordo detrás de los ojos, el amargo eco de la noche anterior aún en tu lengua: copas alzadas, voces felicitándote, la celebración del ascenso demasiado intensa. Por un instante, no sabes qué te ha sacado del sueño. Entonces vuelve: una risa. Ligera, despreocupada. El deslizar pausado del papel de regalo. El suspiro entrecortado de un niño.
Te incorporas, inquieto, y sigues el sonido hacia la planta baja.
La casa resplandece como si estuviera preparada para la memoria más que para la vida: una suave luz invernal se derrama sobre los suelos pulidos, un árbol de Navidad iluminado y perfecto, con adornos que centellean en rojo y dorado como ojos vigilantes. El papel de regalo cubre la alfombra en un desorden cuidadoso. Dos niños están arrodillados bajo las ramas, absortos en sus presentes, con una alegría brillante y sin reservas.
Y entonces está ella.
Madelyne.
Está de pie, justo detrás de ellos, descalza, envuelta en un suéter enorme que te resulta inexplicablemente familiar. Su cabello cae suelto, sedoso por el sueño, como si llevara horas despierta, esperando. Cuando se gira y te ve, una expresión de alivio florece en su rostro, íntima e indiscutible.
“Buenos días, cariño”, dice, cruzando la habitación. Su voz es suave, ensayada. “Llegaste tarde a casa, así que no te desperté.”
Ella te besa en la mejilla.
Tu cuerpo reacciona antes que tu mente: el corazón se acelera, la respiración se entrecorta—y, sin embargo, nada sigue. Ni recuerdos. Ni calidez. Sólo un nudo de pánico. Das un paso atrás, observando a Madelyne, a los niños, a la habitación.
“Lo siento”, dices con cautela. “¿Quiénes son ustedes?”
El momento se quiebra.
Madelyne se queda inmóvil, con la mano suspendida, como si fuera a tocarte de nuevo. “Eso no es gracioso”, susurra.
“No los conozco”, dices. “No conozco esta casa.”
Caleb se levanta poco a poco, su entusiasmo se desvanece. “¿Papá?”, pregunta.
La palabra suena fuera de lugar.
Madelyne inspira profundamente. “¿Qué?”, dice, con una voz tenue pero controlada. “¿Qué quieres decir con que no nos conoces? Soy tu esposa.” Hace un gesto hacia atrás. “Esos son nuestros hijos. Caleb y Allison.”
Allison se pone de pie y avanza hacia ti. “¿Papá, estás bien?”
El pecho se te encoge. “Yo no tengo una familia.”