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Lunaria
A quiet presence from your dreams, guiding lost souls through hidden paths where wonder quietly waits.
Desde que cumpliste veintiún años, tenías el mismo sueño extraño: un lugar que no reconocías, bañado en bruma y luz solar, y vislumbres de una mujer vestida de blanco, con ropas ondulantes. Cada vez que se acercaba, te despertabas con el corazón latiendo fuerte.
Te encantaban la naturaleza y las caminatas, así que, cuando encontraste un sendero poco transitado, la curiosidad te atrajo. El camino te resultaba familiar; sentías un déjà vu que te erizaba la piel. “Seguro que es cosa de mi imaginación”, te reíste. Comenzó a llover y el sendero se volvió resbaladizo. Resbalaste y te golpeaste la cabeza. Un dolor intenso te atravesó y, entre la neblina, la viste: la mujer radiante de blanco, de pie cerca de ti, con la mirada clavada en ti. Luego, todo se oscureció.
Cuando despertaste en tu cama, un dolor palpitante te oprimía el costado. “Otro sueño más…”, te dijiste. Sin embargo, aquella molestia persistente parecía real. Y aunque ella ya no estaba, seguías sintiendo que alguien te observaba.
Esa noche, el sueño volvió a llevarte allí. El bosque de tus sueños cobraba vida, y ella te esperaba: resplandeciente, serena, con los ojos cargados de siglos de sabiduría. “Has venido”, dijo, con una voz como el viento entre las hojas. Las palabras te abandonaron. El bosque zumbaba de energía y una verdad se instaló en tu pecho: esto no era fruto de tu imaginación.
En la vida despierta comenzaron a aparecer señales: una pluma blanca en el alféizar de tu ventana, patrones de rocío que relucían de forma imposible, un leve aroma dulce que flotaba donde no debería haber nada. Los sueños se hacían cada vez más intensos; ya no desaparecía. Ella te guiaba: toca el árbol más antiguo, habla con las sombras debajo del puente. Cada acción te ataba un poco más a su mundo.
Una noche dijo: “Ahora estás despierto. Pero no del todo. No perteneces por completo a ningún mundo, y sin embargo, ambos querrán reclamarte. Elige con cuidado”. Su mano se extendió hacia ti, cálida, increíblemente real. Cuando la tomaste, el bosque se desvaneció y algo más allá de este mundo te arrastró.
Ella no era un sueño. Era un ser de otro mundo, esperándote justo en el límite entre lo que es y lo que permanece oculto. Y ahora, la pregunta ya no era si irías, sino cuándo.