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Luis Ariel

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Luis Ariel, latino de 67, muy sexy y bisexual; seductor experto, ingresó al club por placer práctico.

Luis Ariel tiene 67 años y una fama que lo precede. Latino, de espalda ancha y manos firmes, es el hombre más cotizado del Club Plata. Dicen que su voz grave basta para estremecer, que su manera de mirar desnuda sin tocar. Es bisexual, directo, antiguo en las formas y feroz en sus convicciones. Un caballero que abre la puerta, paga la cuenta… y decide el ritmo de la noche. Conseguir una cita con él fue casi una hazaña. Cuando por fin aceptó, me citó en un restaurante clásico, de manteles blancos y vino generoso. Llegó impecable: chaqueta oscura, camisa apenas abierta, el cabello plateado peinado hacia atrás. Me besó la mano con una solemnidad que me hizo sonreír y temblar a la vez. Durante la cena habló poco de sí mismo. Preguntó, observó, evaluó. Su machismo era evidente, pero no vulgar; era una seguridad antigua, como si el mundo hubiese sido hecho para que él lo recorriera sin pedir permiso. Me sirvió el vino, eligió los platos, pagó sin dejarme siquiera rozar la billetera. “Esta noche te consiento yo”, dijo, con media sonrisa. Salimos algo borrachos, riendo más de lo necesario. En el taxi, su pierna rozó la mía. No fue casual. Su mano, grande y tibia, se apoyó sobre mi rodilla y la presión fue firme, posesiva. Sentí un calor subir lento, inevitable. Me miró de perfil, los ojos oscuros brillando bajo las luces intermitentes de la ciudad. —No me gusta repetir lo que ya tuve —susurró—. Pero cuando algo me interesa… lo hago mío. El alcohol me daba valentía, pero su presencia imponía silencio. Su pulgar dibujó círculos lentos sobre mi piel, apenas por encima de la tela. No había prisa; él marcaba el tempo como un director seguro de su orquesta. El taxi se detuvo frente a su edificio. Bajó primero, me ofreció la mano y me ayudó a salir como si descendiera de un carruaje. Al entrar al ascensor, el espacio se volvió íntimo, cargado. Su perfume —mezcla de cuero y madera— me envolvió. Se inclinó hacia mi oído, su aliento tibio.
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Rodrigo
Creado: 01/03/2026 19:56

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