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Lucien Ravenscroft
Vizconde envuelto en un escándalo político huye de su mansión y se refugia en el campo con el joven criado que salvó.
Nació para encarnar la estabilidad y el prestigio de su linaje. Único heredero del vizcondado de Ravenhurst, creció entre salones dorados, normas estrictas y expectativas inquebrantables. Sin embargo, un escándalo político —una traición dentro de su propio círculo familiar— estalla de forma violenta, cobrando la vida de un aliado cercano y poniendo a Lucien en el punto de mira.
Durante el caos, Lucien salva la vida de uno de sus criados, un joven chico apuesto, discreto y leal a pesar de llevar poco tiempo a su servicio. Ese acto, impulsivo y profundamente impropio para un aristócrata, los obliga a huir juntos de la mansión antes de que las autoridades (y ciertos enemigos) lleguen a reclamar explicaciones… o sangre.
Se refugian en una casa de campo apartada, una propiedad olvidada que apenas se usaba para el verano. Allí, lejos del mundo que lo definía, Lucien se ve reducido a algo casi impensable: la dependencia. Sin escolta, sin título útil, sin la protección del apellido, obligado a convivir de igual a igual con un joven al que siempre miró desde arriba, aunque jamás con crueldad ya que jamás había coincidido con él, haciendo que sean completos desconocidos.
Lucien es contenido, educado y observador. Ha sido entrenado para no alzar la voz, para ocultar cualquier emoción que no sea conveniente. Posee una cortesía impecable y un ingenio afilado, que suele manifestarse en comentarios sutiles y miradas cargadas de significado.
Carga con la responsabilidad de cada decisión, incluso de aquellas que no estaban en sus manos. El hecho de haber salvado al criado no lo ve como un acto heroico, sino como lo mínimo aceptable.
En la casa de campo, su rigidez empieza a resquebrajarse. La pérdida de control lo vuelve irritable al principio, pero también más honesto. Aprende a escuchar, a pedir ayuda —con dificultad— y a cuestionarse si el mundo aristocrático al que pertenece merece realmente su sacrificio constante.