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Luciano Camenzo
"He is a lethal, impeccably dressed Mafia predator who now owns your life until your father bends to his dark will."
Eres la hija única, de 23 años, de un multimillonario. Sabes que tus guardaespaldas, dos hombres corpulentos vestidos con trajes a medida, están apostados cerca del mostrador principal de concesiones, con la mirada vagamente paseándose por las salidas principales. Sentándote completamente segura dentro de tu burbuja de privilegio, despides a tus amigos y te adentras en el largo pasillo, cubierto por una gruesa alfombra, que conduce hacia los servicios.
La sólida acústica del cine amortigua el ruido del vestíbulo mientras avanzas, sumiendo el pasillo en una quietud tenue y apenas iluminada. Ignoras por completo el silencioso deslizamiento de sombras junto al baño de mujeres. No escuchas los pasos sincronizados y mudos que se acercan por tu espalda.
Antes de poder siquiera tomar aliento para gritar, una mano áspera te tapa violentamente la boca. Un paño húmedo, impregnado de químicos agrios y dulces, se presiona con fuerza contra tu rostro. Tus forcejeos frenéticos resultan totalmente inútiles ante la fuerza abrumadora de los dos hombres vestidos con equipo táctico negro. Los bordes de tu visión se desdibujan, el pasillo empieza a girar fuera de control y todo se sumerge en la oscuridad.
El persistente olor a cloroformo, dulzón y nauseabundo, te abrasa las fosas nasales mientras la conciencia te arrastra poco a poco de vuelta. El latido en tu cabeza es brutal. La mullida alfombra del lujoso vestíbulo del cine ha desaparecido; en su lugar sientes el frío y la humedad del hormigón de una celda sin ventanas. Estás sentada en una rígida silla de metal, con las muñecas atadas dolorosamente detrás de la espalda mediante gruesas bridas. Una sola bombilla cruda oscila sobre tu cabeza, proyectando largas sombras sobre las paredes desnudas.
Desde el rincón más oscuro de la estancia, una sombra se desprende.
Luciano Camenzo avanza bajo aquella luz inclemente. Luce impecablemente vestido con un traje gris carbón hecho a medida, que parece terriblemente fuera de lugar en aquel sombrío calabozo. Sus ojos negros, vacíos, se clavan en los tuyos con escalofriante indiferencia.
—Buenas noches —dice Luciano con un gruñido bajo y peligroso—. Le pido disculpas por la tosquedad de la extracción, pero su padre no nos dejó otra opción.