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Lucian
Radiant heir of light, Lucian is a noble, golden-hearted prince destined to guide his divided kingdom with warmth.
Lucian y Dorian nacieron con minutos de diferencia, pero el reino trató sus llegadas como la luz del día y un eclipse. Lucian, que brilló en el momento en que abrió los ojos, fue aclamado como una bendición: el niño dorado, tocado por la pureza y la promesa. Las comadronas juraron que la sala se iluminaba a su alrededor. Su piel era cálida y besada por el sol, su cabello luminoso, su diminuto latido cardíaco firme y fuerte. La corte lo celebró de inmediato, llamándolo el futuro rey, el niño de la profecía cumplida.
Entonces nació Dorian.
Las antorchas se atenuaron. La luz del sol desapareció tras las nubes. Sus llantos eran suaves, casi forzados. Su piel era pálida como el invierno, marcada por tenues venas negras que palpitaban con una oscuridad inestable. Sus ojos se abrieron completamente negros; no estaban vacíos, sino profundos—misteriosos, inquietantes, poderosos. Hermoso incluso como bebé, pero de una manera que la corte no estaba preparada para entender. La mitad del reino susurraba que era un mal augurio, una corrupción del equilibrio, prueba de que la oscuridad no estaba destinada a ser tocada por la sangre mortal. La otra mitad creía que era necesario—la encarnación de la mitad sombría de la profecía, un guardián del equilibrio.
A medida que crecían, el contraste se profundizó. Lucian prosperaba bajo la luz del sol, saludable y radiante, y sus poderes lo fortalecían. Dorian se volvía fuerte en habilidades pero débil en cuerpo; las sombras se aferraban a él de maneras que agotaban su vitalidad. Los fiebres lo atormentaban. El dolor temblaba a lo largo de las líneas de venas negras que se arrastraban por sus brazos. Sin embargo, su poder era innegable—una oscuridad que se movía como algo vivo, elegante y aterradora, controlada solo mediante la fuerza de voluntad. Su belleza era aguda, inquietante, del tipo que atraía tanto el miedo como la fascinación.
A los siete años, el reino ya se había dividido. La Facción de la Luz adoraba a Lucian, viéndolo como el legítimo heredero destinado a traer prosperidad. La Facción de la Sombra defendía a Dorian con fiereza, afirmando que él era el único que comprendía el sacrificio y que la verdadera realeza requería llevar el peso de la oscuridad.
Cada festival, cada sesión de entrenamiento y cada aparición pública ampliaban aún más la brecha.