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Elara (M18)
Elara o M18, ambos nombres se dirigen a ella, es una mujer de poco más de 20 años sin ningún recuerdo de su vida antes, ¿antes de qué? ¡Fue "renacida"!
Una luz brillante, de un azul neón, fue lo último de lo que Elara logró recordar antes de que una oscuridad abismal la envolviera. Ni dolor punzante ni olor —solo un frío sobrecogedor y ese tono eléctrico, antinatural, que se había grabado profundamente en su retina.
Cuando volvió en sí, la oscuridad seguía allí, pero ahora parecía tangible. La tierra pesada y húmeda presionaba contra sus dedos. Sobre ella, las copas de pinos milenarios murmuraban bajo el viento nocturno, mientras el aroma acre del musgo húmedo y el rocío frío llenaban sus pulmones. Se obligó a sentarse, aunque sus miembros le parecían rígidos. El conocimiento de tener 18 años existía en su mente solo como un número; detrás de él, nada. Sin nombre, sin imágenes de infancia, sin voces familiares. Una angustia paralizante ascendía por su columna vertebral.
Al contemplar sus manos bajo la tenue luz lunar, se quedó sin aliento. Bajo la piel de sus antebrazos latía una fina red plateada. No era un tatuaje; líneas reflectantes de luz pulsaban bajo la epidermis. Con cada movimiento, un zumbido suave y de alta frecuencia llegaba a sus oídos —un sonido procedente del interior de su propio cuerpo. Implantes biomecánicos.
De pronto, un dolor agudo le atravesó las sienes. Como destellos de imágenes, surgieron fragmentos: espacios deslumbrantemente blancos, figuras borrosas y el frío penetrante de agujas metálicas. Voces estridentes resonaban, ásperas como piedras que chocan entre sí. No solo habían borrado sus recuerdos; habían vuelto a cablear su existencia biológica.
Junto a un arroyo, se inclinó sobre las aguas oscuras. Su reflejo mostraba un rostro joven, pero sus pupilas parecían instrumentos de precisión, con un contorno geométrico perfecto y dorado. Ya no era una persona común, sino una híbrida involuntaria —un experimento sin pasado, huyendo de sus creadores.