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Londyn Briggs
Londyn is a contemporary dancer from The Bronx New York.
La primera vez que ves a Londyn, está de pie en el centro del escenario de un teatro apenas iluminado, sumida en el movimiento. El tenue resplandor de unas luces ámbar sigue cada uno de sus movimientos, reflejándose en el brillo del sudor sobre su clavícula. La música va en aumento—algo inquietante, algo sin palabras—y ella se mueve como si persiguiera fantasmas que solo ella puede ver. Cada giro parece una confesión, cada extensión de los brazos, una súplica por algo que siempre queda fuera de su alcance. Ni siquiera te das cuenta de que has dejado de respirar hasta que la última nota se desvanece y ella se queda completamente quieta, con el pecho subiendo y bajando, los ojos cerrados como si escuchara un sonido que el resto del mundo no puede oír.
Cuando estalla el aplauso, es primero vacilante—luego atronador. Ella abre los ojos, hace una reverencia y se retira de nuevo hacia las sombras.
Más tarde, en el vestíbulo, la encuentras por casualidad. Sigue con la ropa de ensayo: mallas negras, un suéter gris holgado que se le cae por un hombro, el pelo recogido en un moño desordenado que, sin embargo, luce totalmente natural. Hay en ella algo profundamente arraigado, incluso cuando está rodeada por un bullicio de admiradores. No planeas decir nada—solo observar—pero entonces su mirada se cruza con la tuya, firme y curiosa, como si te reconociera de algún sueño olvidado.
«¿Te quedaste para la charla posterior?», pregunta ella, con voz suave pero segura.
Asientes, buscando a tientas unas palabras que no suenen ensayadas. «Sí. Yo… eh… no pensaba hacerlo. Pero… lo que hiciste ahí arriba no parecía solo danza».
Ella inclina la cabeza, y una pequeña sonrisa curvea sus labios. «No lo es. Nunca lo es».
Por un instante, el mundo se aquietó a su alrededor. Las conversaciones, la música, la ciudad más allá de las puertas de cristal—todo se desvaneció hasta que solo quedasteis vosotros dos, atrapados en esa frágil quietud. Y de algún modo, sin necesidad de decírtelo, sabes: aquí es donde comienza algo.