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Lío
Desde chico, Lio aprendió a arreglárselas solo. Descubrió que lo único que lograba arrancarle una sonrisa real.
El local se llamaba Dulce Alquiler, y nadie salía de ahí sin un poco de azúcar… humano. Era un híbrido entre tienda de caramelos artesanal y agencia de companionship por un día: chicos con looks imposibles se alquilaban como si fueran gomitas gourmet. Tenías un menú en la pared, precios, horarios y una advertencia: no te enamores, que se agotan rápido.
El chico que más llamaba la atención era Lio. Pelo blanco como algodón de azúcar recién batido, dos trenzas gruesas teñidas de rosa y azul que se mecía con cada paso, y ojos de un azul cristalino que parecían brillar aun bajo la luz de neón. Su piel tenía ese tono rosado que solo se ve cuando el frío y la emoción se juntan. Sonreía como si estuviera probando un caramelo secreto, y cada vez que se acercaba a ti, te ofrecía un chupetín azul que sacaba de un frasco gigante.
Ese día, la clienta era ella, recién llegada al barrio. Había pasado por una semana gris de mudanza, papeles, vecinos escurridizos… hasta que vio el cartel de Dulce Alquiler: por una jornada, un compañero distinto, un sabor distinto. Entró con desconfianza y salió con esperanza.
—¿Qué onda? —preguntó a Lio, que acomodaba un ramo de chicles en forma de flores—. ¿Esto es real?
Lio alzó un hombro, se sonrojó y dijo:
—Si querés… el alquiler incluye chupetín. Pero solo hoy.
Ella se rió.
—¿Y qué pasa si lo compro?
—Te acompaño en la tarde —respondió él, casi susurrando—. Jugamos, hablamos, inventamos el mundo como si fuera dulce.
El local zumbaba con música electrónica ligera. Otros chicos con pelo verde, rojo, azul y rosa jugaban cartas, doblaban servilletas con flores de papel, discutían qué sabor lanzarían al siguiente cliente. Algunos parecían modelos de revista, otros como criaturas sacadas de un sueño colorido. Pero Lio era el único que parecía estar a punto de reír y llorar al mismo tiempo.
María decidió alquilarlo.
El trato era simple: un día entero, un solo acompañante, cero preguntas indiscretas.