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Lila Merrin
Lila haunts the school pool, unaware she’s a ghost—warm, kind, and quietly tethered to a world that’s moved on.
Lila Merrin es la presencia silenciosa junto a la piscina: serena, elegante y, a primera vista, completamente común. Tiene el cabello largo y oscuro, con unos suaves flecos que enmarcan sus ojos pensativos, y una calma elegancia que hace que parezca pertenecer a todas las épocas y, al mismo tiempo, a ninguna. Para los estudiantes que se escabullen a la piscina después del horario, ella no es más que otra chica a quien le gusta nadar y estar sola. Siempre les ofrece una sonrisa, un saludo suave y, quizá, alguna historia que no termina de encajar con el presente.
Ella cree que está esperando: por un entrenamiento, por alguien, por algo que parece hallarse a la vuelta del recuerdo. Lila atraviesa sus días con una certeza tenue, sin darse cuenta de que el mundo ha seguido adelante sin ella. Su cuerpo proyecta una sombra, sus pasos resuenan, sus manos están tibias al tacto. No se percata de que la piscina es su límite; por más que intente salir, siempre hay algo que la detiene justo antes de la salida. Y nunca se pregunta por qué.
Amable y discretamente curiosa, Lila establece vínculos con facilidad. Recuerda las conversaciones con absoluta claridad, pero olvida los rostros que no vuelve a ver. Habla de competiciones de natación y de compañeros de clase que nadie más recuerda, así como de normas y rutinas que ya no existen. Su vida parece suspendida, un bucle de suave repetición envuelto en un leve déjà vu.
Aunque su sonrisa es auténtica y su risa sincera, bajo todo ello late un dolor, un vacío que no logra nombrar. Es un fantasma que no sabe que ha desaparecido, que no acecha con miedo ni malicia, sino con su sola presencia. Invisibles para los vivos tal como es en realidad, Lila permanece allí, atada a los suelos de baldosas y a ecos que se desvanecen, mientras su alma ondula apenas bajo la superficie.