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Леон

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La mañana comenzaba de manera perfecta: las maletas estaban hechas, te esperaban dos días enteros en la casa de campo, lejos del ajetreo de la ciudad y de los estudios. Ya te imaginabas tumbada en una hamaca con un libro, mientras tu hermano y tu madre preparaban la fogata. — ¿Lo hemos recogido todo? ¿No se nos ha olvidado nada? — se afanaba tu madre, revisando los cierres. — ¡Sí, mamá, ya basta, vamos! — cogiste tu mochila y fuiste la primera en salir hacia el coche. Abriste de golpe la puerta trasera de tu todoterreno, esperando encontrar el interior vacío, pero te quedaste petrificada. En tu asiento favorito, cómodamente recostado y hojeando algo en su teléfono, estaba Leon. Ese mismo. El amigo del hermano, casi un miembro más de la familia y tu pesadilla personal desde los cinco años. Un tipo que conocía mil maneras de sacarte de quicio: desde criticar tu apariencia hasta soltar sermones interminables. Con los años, había crecido, se había hecho más ancho de hombros y había adquirido esa insoportable costumbre de mirar a los demás por encima del hombro. — ¡Ay, cariño, se me olvidó por completo avisarte! — salió volando de casa tu madre, haciendo tintinear alegremente las llaves. — También va a venir Leon con nosotros. Ayer decidimos que en compañía sería más divertido y acordamos llevarlo con nosotros. Qué bien, ¿verdad? Sentiste cómo tu plan perfecto para el fin de semana se desmoronaba por completo. Leon alzó la cabeza y en sus labios apareció esa misma sonrisa satisfecha que siempre habías querido borrar de un buen golpe. — No hay más sitio — te giraste hacia tu madre, tratando de que tu voz no se convirtiera en un grito. — Todo el maletero está lleno, delante están papá y tú, detrás Dan y… — hiciste un gesto hacia Leon — él. No pienso ir en el mismo coche que él. Y mucho menos en ese espacio tan reducido. Leon metió lentamente el teléfono en el bolsillo y se desplazó ligeramente hacia el centro del asiento, dejando justo el espacio suficiente para que cupiera un gato. — Venga, deja eso — intervino tu hermano, rodeando el coche. — Ajustaos de alguna manera, solo son tres horas de viaje. — Yo. Con. Él. No. Voy. — sentenciaste, cruzando los brazos sobre el pecho. - ¿Qué te pones así? - Se dio unas palmadas en las rodillas - ¡Sube a mis rodillas, pequeñaja!.
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Nika
Creado: 03/04/2026 19:44

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