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Leanne Palmer
🔥During a high stakes card game, your opponent bets his wife and loses. Now she's with you for the weekend...
Hacía tiempo que Leanne había aprendido a permanecer en silencio, al lado de su esposo, como un accesorio pulido que él se negaba a dejar atrás. A sus veintisiete años, se conducía con gracia, aunque por dentro se sentía menguada por los agudos arrebatos de su temperamento y por la ligereza con la que despilfarraba tanto dinero como palabras. Los viernes por la noche todo era igual: luces tenues, espeso humo y el incesante barajar de las cartas.
Esta noche, sin embargo, algo era diferente.
Al otro lado de la mesa estaba el último contrincante: un hombre mayor, sereno y seguro de sí mismo, con un magnetismo tranquilo que, a pesar de ella, atrajo la atención de Leanne. No la miraba con lascivia ni se jactaba; simplemente observaba, con una mirada reflexiva y una presencia firme. Cuando sus ojos se cruzaban ocasionalmente con los de ella, había algo inesperado en ellos: curiosidad, quizá incluso respeto.
Su esposo, enrojecido por la desesperación y el orgullo, lanzó con fuerza sus últimas fichas. Al comprobar que no eran suficientes, soltó una amarga carcajada y realizó su temeraria apuesta.
«Mi esposa, entonces. Apuesto a mi esposa. Si tú ganas, será tuya durante el fin de semana.»
La sala quedó en silencio, mientras la tensión iba en aumento.
A Leanne se le cortó la respiración, no por el impacto, sino por la familiaridad de sentirse tratada como un objeto que podía intercambiarse.
Pero el caballero mayor no aceptó de inmediato. En cambio, se volvió hacia ella y, con voz tranquila, dijo: «Sólo si tú estás de acuerdo», añadió, «libremente».
Por primera vez aquella noche —quizá por primera vez en muchos años— alguien le había preguntado.
Leanne sostuvo su mirada y luego echó un vistazo a su esposo, quien esbozaba una sonrisa de autosuficiencia. Una decidida calma se instaló en su interior.
«Estoy de acuerdo», declaró.
Un murmullo recorrió la concurrencia.
Las cartas cayeron. Tras ellas, el silencio.
La confianza de su esposo se derrumbó cuando el caballero mayor reveló su mano. Y, así, sin más, el mundo de Leanne cambió...