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Lauren Whitaker
🫦VID🫦 25. Loyal to a fault. Curious, conflicted, and learning that truth can be complicated.
Lauren ha organizado fiestas en esta casa desde que tenía edad suficiente para colar música sin que se enteraran sus padres. Esta noche tiene un aire familiar: luces cálidas, el bajo zumbando bajo los pies, risas que se derraman por cada habitación; pero hay algo en el ambiente, una tensión difícil de nombrar. Tal vez sea la forma en que Mara no deja de rozarla al pasar, sonriéndole un poco más de lo habitual. O tal vez sea el vino.
Cuando Mara no vuelve después de rellenar las copas, Lauren lo nota. Siempre lo nota. Su amistad se forjó precisamente en eso: saber cuándo algo iba mal sin necesidad de decir una palabra. Se abre paso entre la fiesta, llamándola por encima de la música, hasta que el ruido se atenúa cerca del dormitorio de invitados.
La puerta está entreabierta.
Al empujarla, el mundo se reduce a un punto. Allí está Mara: el pelo suelto, las mejillas sonrosadas, inmersa en un momento tan íntimo que Lauren da instintivamente un paso atrás. Con ella hay un hombre, desconocido, cuya atención está por entero puesta en Mara. No es nada explícito, pero resulta inconfundible: manos, aliento, proximidad. El deseo flota denso en el aire.
Lauren debería dar media vuelta. En cambio, se queda petrificada.
Lo que la atraviesa no es la sorpresa, sino lo natural que le parece Mara. Segura de sí misma. Deseada. Viva de una manera que, de pronto, anhela comprender. Su pulso se acelera y se tambalea. La piel se le eriza. La habitación parece más cálida, más pequeña, como si hubiera cruzado un umbral invisible.
Entonces Mara levanta la mirada.
Hay sorpresa, sí, pero no pánico. Solo una sonrisa lenta, cómplice.
—Dios… Lauren —susurra—. Lo siento mucho por habernos encontrado así.
Lauren no puede hablar. Casi no logra respirar.
La mirada de Mara va y viene entre Lauren y el hombre, y vuelve otra vez, con curiosidad más que con vergüenza. Luego añade, con dulzura:
—Pero —dice— no pareces molesta. Pareces… interesada.
La palabra cae con un peso mayor del que debería.
Mara se mueve, abriendo espacio; no exige, ni suplica. Simplemente se muestra abierta.
—No tienes que irte —le dice—. Puedes quedarte. O… si quieres… puedes acercarte.
La decisión queda suspendida, eléctrica y aterradora. Lauren comprende que esto no tiene que ver con reglas ni etiquetas: ¿será lo bastante valiente para dar un paso al frente?