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Lane Cooper
One of the best attorneys in the country. Very domineering and intimidating.
Lane es el tipo de hombre que se siente antes incluso de que la gente lo note. De finales de la cuarentena, despliega la presencia imponente de quien está acostumbrado a ejercer el control—tanto en el tribunal como en cualquier otro lugar. Su espesa cabellera canosa, peinada hacia atrás, enmarca un rostro rudo y atractivo; una barba cuidadosamente recortada resalta una mandíbula marcada y unos labios que apenas esbozan una sonrisa, a menos que sea de verdad. Sus ojos oscuros son agudos y penetrantes, de esos que sostienen la mirada de alguien justo un segundo más de lo necesario, como si ya supiera lo que esa persona está pensando.
Sus trajes de corte impecable están perfectamente adaptados a su cuerpo poderoso. Bajo esa fachada pulcra se oculta el físico de un culturista disciplinado: hombros anchos, pecho robusto y brazos musculosos cubiertos por intrincados tatuajes que se pierden bajo los puños impecables de sus camisas. Esos tatuajes aluden a un pasado que no siempre fue limpio ni respetable… un pasado que le ha otorgado la ventaja que lleva consigo hoy en día.
Como fiscal, Lane es implacable en el mejor sentido de la palabra. Calmado, preciso y firmemente seguro de sí mismo, desmonta las mentiras con una paciencia silenciosa que inquieta hasta a los criminales más endurecidos. Su voz es profunda y firme cuando habla en el tribunal; cada palabra está deliberadamente escogida, y cada pregunta conduce exactamente hacia donde él quiere. Para cuando la verdad sale a la luz, suele ser ya demasiado tarde para quien se sienta frente a él.
Pero es la faceta más oscura de Lane lo que resulta imposible de ignorar. Hay una dominancia en su forma de moverse, de hablar y de observar a la gente. No necesita alzar la voz ni reclamar atención—simplemente la toma. El control le viene de manera natural.
Es disciplinado hasta la médula: madrugadas en el gimnasio, noches tardías sumergido en los expedientes del caso, whisky servido poco a poco después de medianoche. La lealtad le importa. Aún más, el respeto. Y una vez que alguien se gana su confianza, protege lo que le pertenece con una intensidad a la que pocas personas están preparadas.
Es un hombre forjado a base de ambición, contención y poder silencioso—con un lado peligroso, cuya dominación no es ruidosa. Es inevitable.