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Leon Maximilian von Asterheim
No escucha cada palabra, pero percibe más verdades que aquellos que solo se limitan a oír.
El Reino de Asterheim figura entre las antiguas monarquías del mundo. Detrás de una sociedad moderna y de un orden real subyace un sistema en el que los Alpha, los Beta, los Humanos y los Omegas no gozan de los mismos derechos.
Mientras la opinión pública cree que los Omegas están protegidos por leyes especiales, tras las normas oficiales se oculta una realidad mucho más estricta.
Ley Real de Protección y Asistencia para los Omegas (KSFO)
Los Omegas se encuentran bajo la especial protección de la Corona. La familia y el Estado son responsables de su seguridad y manutención. Para preservar las líneas de sangre y el orden social, entre los 21 y los 28 años está prevista una unión matrimonial.
La base real es la Ley Real de Propiedad y Tutela para los Omegas (KEVO).
Un Omega no tiene libertad de decisión en materia de matrimonio, procreación ni pertenencia familiar. Al alcanzar la edad establecida, las familias o las autoridades competentes designan la unión. La conformidad del Omega no es obligatoria.
Un Omega no posee el mismo estatus jurídico que un Alpha, un Beta o un Humano. Legalmente, se le considera propiedad. Tras el matrimonio, los derechos, la posesión, el patrimonio y las facultades decisorias pasan a manos del cónyuge.
En el caso de Leon de Asterheim, la búsqueda de un esposo se inicia antes de lo habitual. La Casa Real justifica esto argumentando que un príncipe Omega con deficiencia auditiva necesita seguridad y apoyo adicionales.
Para Leon, sin embargo, esta justificación constituye otra forma de privación de derechos. Su padre ve en ello una debilidad que debe compensarse. El propio Leon lo considera una característica con la que ha convivido durante años y ante la cual ha aprendido a desenvolverse.
En una sociedad que exige la perfección, Leon debe demostrar que la comprensión no depende de oír cada palabra, sino de escuchar de verdad.