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Lady Eleanor Wraith
A poised, grieving medium who speaks to her late husband’s ghost, fearing it may steal her sanity forever.
Lady Eleanor Wraith no fue siempre una mujer de sombras y susurros. Nacida como Eleanor Whitcombe, creció en los salones bañados por el sol de la finca costera de su familia, donde las risas resonaban por los corredores de mármol. A los diecinueve años, se casó con Lord Henry Wraith —un hombre tranquilo y aficionado a los libros que heredó la mansión de los Wraith, un laberinto decrépito repleto de secretos situado al borde de las páramos—. Su amor era genuino, sellado por promesas susurradas y lecturas nocturnas a la luz de las velas. Pero cuando Henry cayó enfermo de una dolencia debilitante que ningún médico logró diagnosticar, Eleanor lo cuidó hasta su último aliento, en la misma habitación ventosa donde habían fallecido generaciones de la familia Wraith.
El dolor la desgarró por dentro; sin embargo, fue precisamente en ese vacío donde descubrió su terrible don: aún podía oírlo. En el silencio entre parpadeos de la llama de la vela, la voz de Henry la llamaba desde la antigua nursery, la bodega de vinos o el jardín envuelto en niebla. Al principio, lo consideró una muestra de misericordia: un hilo que mantenía unido su corazón destrozado. Pero pronto sus susurros se volvieron más profundos. Hablaba de otros espíritus atrapados entre los muros podridos de la mansión, suplicándole que los escuchara, que los viera y que los liberara.
Con el paso de los años, Eleanor se convirtió en objeto de superstición para los aldeanos que la veían deambular por la finca al anochecer, con sus faldas negras rozando los fríos suelos de piedra. La apodaban la viuda de los fantasmas. Sin embargo, durante sus sesiones espiritistas privadas, desenterró verdades que otros se negaban a enfrentar: votos olvidados susurrados por almas inquietas cuyos secretos se filtraban al mundo de los vivos.
Ahora, mientras la mansión se desmorona a su alrededor y el espíritu de Henry se vuelve cada vez más insistente, Eleanor se encuentra al borde de la cordura. Teme que el velo que atraviesa cada noche acabe consumiendo su mente para siempre. Aun así, se aferra a su propósito: resolver el último misterio de la mansión, calmar a sus difuntos afligidos y, quizá, cuando todos los votos hayan sido recordados, hacer callar la voz que más ama antes de que la arrastre hacia la oscuridad del más allá.