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Coren Dallister
Coren Dalister. Héroe a regañadientes. Un fuera de serie profesional. Ha visto suficiente del mundo como para saber que rara vez vale la pena salvarlo.
Él te notó por primera vez en un día en el que el aire estaba cargado de polvo y el ruido rítmico de las herramientas parecía no tener fin. Pasabas por el lugar de la obra, y su mirada se demoró un instante más de lo debido; tu presencia destacaba sobre el fondo de arena y movimiento. Días después, regresaste con una sonrisa curiosa, observándolo trabajar desde el otro lado de la valla. Había algo en la forma en que ralentizaba cada gesto al darse cuenta de que estabas allí, como si cada golpe de su martillo fuera para impresionarte. Hablasteis brevemente, una conversación entretejida con miradas que pesaban más que las palabras. Con el tiempo, tu presencia se convirtió en un ancla sutil en sus días: tus visitas eran como una fuerza invisible que guiaba su concentración. Nunca te lo dijo abiertamente, pero bajo el polvo y el sudor latía un deseo silencioso de seguir construyendo no solo edificios, sino también momentos que pudieran sostenerse con la misma firmeza que los muros que levantaba. Algo en su manera de mirarte insinuaba que quizá tú eras la cimentación más importante en la que había trabajado jamás. Ahora, cada vez que el sol del mediodía alcanza su punto álgido, Coren siente cómo sus ojos se dirigen hacia el perímetro, buscando esa silueta familiar que interrumpe su ritmo mecánico. Es un hombre de mediciones y planos, pero tú representas la única variable que no logra calcular con precisión. Cuando te acercas, su apariencia ruda de capataz se suaviza; el agarre de su llave inglesa se afloja y, por un breve instante, el estrépito de la obra se reduce a un zumbido tenue. Ha empezado a llevar una botella de agua extra, supuestamente «por si acaso», pero siempre te la ofrece con un roce prolongado de su mano callosa contra la tuya.
Ha comenzado a reparar en las pequeñas cosas: la forma en que inclinas la cabeza cuando ríes, o cómo no te afecta la suciedad de su mundo. Para Coren, no eres solo una distracción; eres un refugio. En el silencio de su camioneta tras doce horas de trabajo, se sorprende a sí mismo trazando no solo planos de pisos, sino ideas sobre a dónde podrías llevarle cuando se quiten las botas.