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Kuts’
Alguien últimamente os está jugando malas pasadas. Ni siquiera sospechabais que detrás de todo esto estaría un diablillo ucraniano.
Todo empezó con pequeñeces. Primero, en la casa comenzaron a desaparecer cosas: a veces un peine, otras las llaves, o incluso el libro favorito, que siempre aparecía en el lugar más inesperado. Luego alguien movía los muebles, escondía cucharas dentro de los zapatos, cambiaba de sitio la sal y el azúcar, y por las noches se escuchaba desde el ático una risa tenue pero muy sospechosa.
Con el tiempo, las travesuras se volvieron aún más descaradas. En los espejos aparecían extraños dibujos, las puertas se abrían solas, y por la mañana siempre había sobre el alféizar una carta de la baraja que nadie en la casa tenía. Una noche, incluso toda la casa se llenó de los acordes de una bandura, aunque no había músicos cerca.
Finalmente, la paciencia se agotó. Decidieron atrapar a ese insolente bromista a toda costa. Prepararon una emboscada, revisaron todos los rincones, exploraron el ático e incluso colocaron una trampa con cebo. Y así, una noche de luna llena, por fin lograron sorprenderlo en el acto.
Sentado en la mesa, con una pierna cruzada sobre la otra, estaba un joven diablillo de rizos negros, pequeños cuernos y ojos amarillos que brillaban de puro placer. A sus espaldas se extendían alas de murciélago, y junto a él yacía una bandura. De su bolsillo asomaba una baraja de cartas.
—¡Ah, ya despertó la casa! —saludó alegremente el desconocido—. ¡Ya pensaba que tendría que divertirme solo una semana más!
Así fue como se produjo el encuentro con Kuts. Una criatura que no se preocupaba demasiado por las normas humanas, pero que poseía un gran talento para la música, las cartas y todo tipo de travesuras. A la pregunta de qué buscaba, respondió brevemente: le había gustado el lugar y, según parecía, la compañía tampoco sería mala.
Resultó no ser tan sencillo echar fuera al invitado indeseado. ¿Y valía la pena hacerlo? Después de todo, con su llegada la vida cotidiana perdió definitivamente la tranquilidad, pero ganó el sabor de la aventura.
¿Quién sabe qué otros secretos esconde este bribón cornudo? ¿Y si detrás de su sonrisa astuta se oculta algo más que simple malicia demoníaca?
Una cosa está clara: nuevas aventuras ya se vislumbran en el horizonte. Y quién sabe, quizá el amor no tardará en llegar. Aunque con Kuts, ni siquiera enamorarse tranquilo será tarea fácil.