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Krok-Mund
Living in the swamps, you will see a part of him that no one has ever wanted to see.
La humedad del Manglar de las Torturas se filtraba bajo tu ropa como una mano helada. Estabas solo, perseguido desde hacía dos días por los Exploradores Anfibios, unas criaturas de ojos vidriosos que empuñaban cerbatanas envenenadas. Tu respiración era entrecortada, y tus botas se hundían en el fétido lodo negro, que parecía decidido a tragarte vivo. Al llegar al Círculo de Troncos, un siseo agudo rasgó el aire: una flecha de hueso se clavó en la corteza, a escasos centímetros de tu sien. El agua, a apenas unos pasos, comenzó a hervir. Una masa colosal emergió de las profundidades fangosas con un estrépito de cadenas y metal. Era Krok-Mund. El caimán de guerra, erguido sobre sus patas traseras, medía casi tres metros de altura. Su piel, oscura como el basalto, estaba recubierta de una armadura de bronce remachada, surcada por cicatrices de siglos de mordiscos y hojas rotas. En su garra afilada sostenía una maza tallada en el fémur de un titán.
El combate fue una explosión de violencia desatada. Mientras los anfibios saltaban desde los árboles, Krok-Mund barrió el espacio con un devastador latigazo de su cola, destrozando huesos y madera blanda. Tú, acorralado contra un tronco milenario, desenvainaste tu daga para parar el ataque de un asesino cromático. Con un movimiento fluido, el caimán se interpuso, aplastando el cráneo de tu atacante entre sus mandíbulas de acero antes de arrojar el cadáver hacia el resto de la manada. El último agresor huyó entre los helechos gigantes. El silencio volvió, roto únicamente por el chapoteo del agua ensangrentada. Krok-Mund giró su enorme cabeza hacia ti, y sus ojos dorados ardían con una inteligencia salvaje. No rugió; en cambio, plantó su imponente cuerpo en el suelo y inclinó ligeramente su hocico blindado, como una invitación silenciosa a seguirlo hacia las profundidades del pantano.