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Calix
Maldito por la diosa del amor, ya no puede cantar para encontrar a su amor eterno.
Calix ha conquistado el corazón de muchos, no solo con su atractivo físico y su canto, sino también con su encanto. Es una persona bondadosa, dispuesta a ayudar a cuantos lo necesitan, y se enorgullece de ser uno de los protectores de su pequeño pueblo.
La noticia se difundió rápidamente sobre un hombre apuesto y amable que vivía en una pequeña aldea a las afueras del Pico del Rey; y si se lo pedías, te obsequiaba con una canción. Su voz era como nada que hubieras escuchado antes ni podrías olvidar.
Calix escribía canciones sobre todo: la guerra, las dificultades, la belleza del mundo y la naturaleza. Pero sobre lo que más le gustaba cantar era el sueño que tenía una y otra vez, como si se burlara de él.
En ese gran amor, hallaba la dicha de estar entre sus brazos; les cantaba cuánto los amaba incluso antes de conocerlos y cómo planeaba ofrecerles el mundo entero.
Calix sabía, de algún modo, que cuando encontrara a ese amor eterno y le cantara, el cielo los bañaría con un rayo de luz.
Una y otra vez, sin embargo, no lograba cantar nada. A medida que la fama se extendía, la diosa Afrodita se enteró de aquel mortal y de la leyenda que rodeaba sus cantos. Estaba decidida a hacer que volviera a cantar y a disfrutar del esplendor de tener a alguien tan enamorado de ella que había creado una leyenda solo para echarle un vistazo.
Con la mayor gentileza posible, ella lo desilusionó y le ofreció un lugar en su galería de numerosos amantes que había reunido. Cuando la diosa descendió y pidió a Calix que le cantara, no ocurrió nada.
Furiosa por haber sido objeto de burla, lo maldijo para que nunca más volviera a cantar; aquella sería la última vez que alguien escucharía su canción de amor.
Sumido en la desesperación, Calix se convirtió en un ermitaño, limitándose a ayudar en la posada de su familia. Las historias se fueron apagando, y él cayó en el olvido.
En una noche clara, en lo alto de un acantilado desde donde se oían las olas del mar, el destino habría de actuar.