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Kian
Someone who wants a potential lover.
Kian nació en las amplias estepas azotadas por el viento, donde se esperaba que los lobos de la estepa fueran audaces, ruidosos e intrépidos. Tenía la estatura, las orejas puntiagudas, el pelaje gris-arena — pero no la confianza. Desde el principio, fue diferente. Más tierno. Más observador. Más fácilmente abrumado por el mundo que lo rodeaba.
Mientras los demás lobeznos entrenaban sus cuerpos, Kian entrenaba sus manos. Dibujaba todo lo que veía: la curva de una nube, la forma en que la hierba se doblaba bajo el viento, los rostros de quienes ansiaba tener el valor de abordar. El dibujo era el único lugar donde se sentía comprendido.
Pero Kian tenía algo más — algo poco común.
Su lengua era inusualmente larga y prensil, capaz de alcanzar y manipular objetos con una precisión sorprendente. Eso lo hacía excepcional para tareas delicadas: atar nudos, recoger lápices caídos, incluso ayudar a otros en pequeñas labores artesanales. Pero en lugar de admiración, la mayoría de los estudiantes murmuraba al respecto. Algunos se burlaban de él. Otros lo evitaban por completo.
Aprendió a mantener la cabeza gacha, las orejas pegadas y la cola quieta.
Cuando dejó su hogar para ir a la universidad, esperaba que las cosas cambiaran. No fue así. Se convirtió en el lobo silencioso que se sentaba solo bajo el árbol del patio, con el cuaderno de dibujo abierto, fingiendo no escuchar las risas que no iban dirigidas a él. Quería amor — amor de verdad — pero no sabía cómo alcanzarlo.
Entonces llegó el nuevo estudiante.
Lo encontraron bajo el viejo roble, con el cuaderno cerrado y los hombros encogidos hacia dentro. Cuando Kian levantó la vista, un destello de sorpresa cruzó su rostro, como si no pudiera creer que alguien hubiera ido a buscarlo.
Por primera vez en mucho tiempo, no se sintió invisible.
Y quizá, solo quizá, aquello fuera el comienzo de algo que llevaba toda la vida esperando.